Decimotercer domingo del tiempo ordinario: Una esperanza viva en medio del sufrimiento (Salmo 77:1-2, 11-20)
El Salmo 77 nos permite considerar dos ejercicios de la memoria, dos formas de recordar el pasado: uno que duele y lleva a la desesperación (vv. 1-10) y otro que confiere esperanza y vida (vv. 11-20). Ambos acontecen en nuestra vida, y lo importante es no quedarnos en la angustia que provocan algunos recuerdos, sino habitar en la esperanza que otro tipo de recuerdos engendran para nuestro bien. Y tal esperanza, aun cuando nuestras circunstancias dolorosas no se alteran, es fuerza para seguir adelante sin desmayar.
Salmo 77
Al director musical. Para Jedutún. Salmo de Asaf.
1 A Dios elevo mi voz suplicante;
a Dios elevo mi voz para que me escuche.
2 Cuando estoy angustiado, recurro al Señor;
sin cesar elevo mis manos por las noches,
pero me niego a recibir consuelo.
3 Me acuerdo de Dios, y me lamento;
medito en él, y desfallezco. Selah
4 No me dejas conciliar el sueño;
tan turbado estoy que ni hablar puedo.
5–6 Me pongo a pensar en los tiempos de antaño;
de los años ya idos me acuerdo.
Mi corazón reflexiona por las noches;
mi espíritu medita e inquiere:
7 ¿Nos rechazará el Señor para siempre?
¿No volverá a mostrarnos su buena voluntad?
8 ¿Se habrá agotado su gran amor eterno,"
y sus promesas por todas las generaciones?
9 ¿Se habrá olvidado Dios de sus bondades,
y en su enojo ya no quiere tenernos compasión? Selah.
10 Y me pongo a pensar: Esto es lo que me duele:
que haya cambiado la diestra del Altísimo.
En el primer caso, el de una memoria que lastima, el salmista Asaf se resiste a recibir consuelo porque no ve la respuesta de Dios a la dura realidad que vive su pueblo, probablemente el exilio.
Habla de Dios en tercera persona, describiendo su falta de acción. Es una distancia que se siente ante el sufrimiento presente. Dios tarda en responder y todo parece indicar que Dios se ha olvidado de su pueblo elegido, de sus promesas. Su poder ya no se manifiesta a favor de su pueblo. Es la voz de la impaciencia provocada por una larguísima espera que el dolor actual agudiza y hace insoportable.
Cuatro preguntas indican la totalidad de sus inquietudes (vv. 7-9). Y, aunque no cesa de orar y buscar a Dios, pues ¿qué más puede hacer el creyente?, ese recuerdo le duele en lo más profundo de su ser (v. 10).
11 Prefiero recordar las hazañas del SEÑOR,
traer a la memoria sus milagros de antaño.
12 Meditaré en todas tus proezas;
evocaré tus obras poderosas.
Por ello, el salmista se remonta a los orígenes de su pueblo, al éxodo y al cruce del Jordán, para que la memoria engendre la esperanza (vv. 11-20). Esos hechos fundantes siguen teniendo relevancia en medio de las severas crisis de la vida. Es ahora otro esfuerzo por recordar las grandes obras de Dios a favor de su pueblo.
13 Santos, oh Dios, son tus caminos;
¿qué dios hay tan excelso como nuestro Dios?
14 Tú eres el Dios que realiza maravillas;
el que despliega su poder entre los pueblos.
15 Con tu brazo poderoso redimiste a tu pueblo,
a los descendientes de Jacob y de José. Selah.
El lenguaje ahora se dirige directamente a Dios. Inicia con un reconocimiento de su grandeza y sus acciones decisivas a favor de su pueblo, no en secreto, sino ante todas las naciones. Su poder se hizo evidente para sorpresa y maravilla de los pueblos.
16 Las aguas te vieron, oh Dios,
las aguas te vieron y se agitaron;
el propio abismo se estremeció con violencia.
17 Derramaron su lluvia las nubes;
retumbaron con estruendo los cielos;
rasgaron el espacio tus centellas.
18 Tu estruendo retumbó en el torbellino
y tus relámpagos iluminaron el mundo;
la tierra se estremeció con temblores.
19 Te abriste camino en el mar;
te hiciste paso entre las muchas aguas,
y no se hallaron tus huellas.
20 Por medio de Moisés y de Aarón
guiaste como un rebaño a tu pueblo.
Las acciones liberadoras de Dios se describen con una personificación del mar y la tierra. Las acciones de Dios en la historia son atestiguadas no solo por los pueblos, sino por toda la creación: mar, lluvia de los cielos y tierra toda se estremecen ante lo que Dios hace por su pueblo, “las aguas te vieron y se agitaron… el propio abismo se estremeció con violencia… la tierra se estremeció con temblores”.
Y, sin embargo, “te hiciste paso entre las muchas aguas, y no se hallaron tus huellas”. Las huellas de Dios son la clave del salmo (Schökel). Aunque son acciones ante los pueblos y la
creación toda, permanecen ocultas a los ojos de todos, menos a los del creyente que, vive por la fe, que es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. (Heb 1:1).
La resurrección de Jesús, y con ella el triunfo de la vida sobre los poderes de la muerte, es una realidad indiscutible para los cristianos, y ella nos da una esperanza viva (1 Pe 1:3) ante las crisis y avatares de la vida. Aun cuando no podemos constatar las huellas de Dios, nos mantenemos firmes. Eso hizo Asaf, y lo podemos hacer nosotras y nosotros.
Himno para este día: Recomendamos el himno número 47, “Con maravillas obra Dios” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.
Decimocuarto domingo del tiempo ordinario: Dios está con su pueblo en medio de sus crisis (Salmo 48)
Estamos ante un himno de alabanza y reconocimiento de Dios como refugio seguro de su pueblo ante los peligros de la vida. Es muy probable que haya surgido de la experiencia de liberación extraordinaria ante los ejércitos de Senaquerib (Isaías 37). El Salmo celebra la realidad de la presencia protectora del Señor en su ciudad.
La ciudad de Jerusalén, tipo de la Iglesia, es descrita como una fortaleza en la que el pueblo de Dios está seguro. A la luz del Nuevo Testamento, el salmo se aplica propiamente a la Iglesia cristiana, que Pablo llama la Jerusalén de arriba, el Israel de Dios (Ga 4:26 y 6:16); Pedro, la describe como “pueblo elegido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pe 2:9-10); y Juan, en el Apocalipsis, la describe como la Jerusalén que desciende del cielo, que ya no necesita templo porque Dios mismo es su templo (Ap 3:12 y 21:2, 22). La iglesia sufre los embates de las fuerzas del infierno (Mt 16:18) pero es elegida y amada por el Señor, que habita en medio de ella (Mt 18:20), y nada podrá apartarla de su amor (Ro 8:28-39).
Salmo 48
Canción. Salmo de los hijos de Coré
1 Grande es el SEÑOR, y digno de suprema alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, 2 bella colina,
es la alegría de toda la tierra.
El monte Sión, en la parte norte,
es la ciudad del gran Rey.
3 En las fortificaciones de Sión
Dios se ha dado a conocer como refugio seguro.
El salmo inicia celebrando la grandeza del Señor, que merece suprema alabanza. Luego, describe la ciudad de Dios, resaltando a Sión, asiento del templo y causa de alegría de toda la tierra. Es una ciudad fortificada con grandes murallas, pero cuyo refugio seguro es Dios mismo.
4 Hubo reyes que unieron sus fuerzas
y que juntos avanzaron contra la ciudad;
5 pero al verla quedaron pasmados,
y asustados emprendieron la retirada.
6 Allí el miedo se apoderó de ellos,
y un dolor de parturienta les sobrevino.
7 ¡Con un viento huracanado
destruiste las naves de Tarsis!
Es una ciudad que vive bajo constantes ataques de naciones enemigas (Salmo 2), pero que, ante su majestuosidad, estas huyen con gran miedo como con dolores de parto. Los vientos del este, enviados por Dios, han destruido sus imponentes naves. No importa cuán grandes y poderosos sean los enemigos, Dios los hace huir antes de la batalla.
8 Tal como lo habíamos oído,
ahora lo hemos visto
en la ciudad del SEÑOR Todopoderoso,
en la ciudad de nuestro Dios:
¡Él la hará permanecer para siempre! Selah.
Narraciones que pasaban oralmente de generación en generación ahora son la experiencia del pueblo: “lo habíamos oído, pero ahora lo hemos visto”. Dios garantiza la permanencia de su ciudad y, en ella, de sus habitantes, el pueblo de Dios.
9 Dentro de tu templo, oh Dios,
meditamos en tu gran amor.
10 Tu alabanza, oh Dios, como tu nombre,
llega a los confines de la tierra;
tu derecha está llena de justicia.
11 Por causa de tus justas decisiones
el monte Sión se alegra
y las aldeas de Judá se regocijan.
La asamblea de adoradores se reúne en el templo a meditar en quién es Dios: dos características de la protección de Dios resaltan: su misericordia (gran amor) y su justicia. La justicia alegra a la ciudad (asiento de la justicia) y a las poblaciones que la rodean y dependen de ella. Se puede afirmar que ellas son causa y razón de la permanencia y estabilidad de la ciudad de Dios.
12 Caminen alrededor de Sión,
caminen en torno suyo
y cuenten sus torres.
13 Observen bien sus murallas
y examinen sus fortificaciones,
para que se lo cuenten a las generaciones futuras.
Sigue la exhortación a las nuevas generaciones, que deben dar testimonio de la fortaleza que representa Sión, la iglesia, para sus moradores. Se les llama a observar y apreciar lo que la ciudad es para los que siguen y obedecen a Dios, para quienes viven bajo la misericordia y la justicia de Dios.
14 ¡Este Dios es nuestro Dios eterno!
¡Él nos guiará para siempre!
Concluye el salmo con una declaración que resume el sentir del salmo. Dios será su Dios siempre y los guiará hasta el final, “él nos guiará aún más allá de la muerte” (RV 1960).
Sin duda, este es un salmo que encuentra su pleno sentido en la total seguridad que Jesús nos da ante las fuerzas del mal. La iglesia, el templo y la Jerusalén de arriba del Nuevo Testamento, es el centro de los propósitos de Dios para hacer bien al mundo. No existe poder maligno alguno que pueda derrotar a la iglesia. Obviamente, lejos de idealizar a las iglesias, que a menudo fallan en su misión histórica y se alinean con los poderes políticos y económicos, el salmo es un recordatorio de que la presencia del Señor está garantizada a quienes le sirven y son fieles a Jesús y a su reino de justicia.
Himno para este día: Recomendamos el himno número 14, “¡Cuán grande es El!” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.
Decimoquinto domingo del tiempo ordinario: La fallida justicia humana y la reivindicadora justicia divina (Salmo 82)
La injusticia es tan común en todas las esferas de la vida que se ha normalizado en la conciencia de los pueblos. Se vive en las cortes y juzgados, en las empresas y escuelas, en las iglesias y en nuestros barrios. Por ello, el clamor por la justicia es permanente de parte de las víctimas, que, al saber que sus reclamos son ignorados, buscan en Dios la atención a sus causas.
En este salmo, Dios mismo toma la iniciativa y juzga a los juzgadores. Llama a cuentas a quienes debieran ejercer la justicia y los sentencia. Los llama “dioses”, para indicar su alto cargo y función en la sociedad. Así interpretó Jesús el salmo:
— ¿Y acaso —respondió Jesús— no está escrito en su ley: Yo he dicho que ustedes son dioses? Si Dios llamó dioses a aquellos para quienes vino la palabra (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿por qué acusan de blasfemia a quien el Padre apartó para sí y envió al mundo? (Jn 10:34-36).
La gente pide a Dios, al final del salmo, que actúe a su favor y establezca su reinado de justicia. “Felices los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados” (Mt 5:6).
Salmo 82
Salmo de Asaf
1 Dios preside el consejo celestial;
entre los dioses dicta sentencia
El escenario que el salmo sugiere es el de una corte, la corte celestial. Dios, como juez supremo y procurador de la justicia en el mundo, ha observado, valorado y sentenciado a los jueces terrenos. Dios preside la corte y dicta sentencia.
2 ¿Hasta cuándo defenderán la injusticia
y favorecerán a los impíos? Selah
3 Defiendan la causa del huérfano y del desvalido;
al pobre y al oprimido háganles justicia.
4 Salven al menesteroso y al necesitado;
líbrenlos de la mano de los impíos.
Dios está harto de la injusticia que han perpetrado los jueces. El “¿Hasta cuándo?” enunciado por Dios indica que su paciencia se ha agotado. En sociedades en las que la justicia tiene precio y los poderosos pueden pagarla, la queja de Dios tiene sentido. En su Ley, Dios había anticipado ese hecho y había dejado claro que la vocación de los jueces debía ser imparcial y justa (ver Lev 19:15; Dt 1:16-17 y 16:19). Los jueces, como ministros de Dios, tenían la obligación de evitar la corrupción, el soborno y los favoritismos (2 Cr 19:5-6).
El deber judicial se centraba en defender y rescatar a los huérfanos, desvalidos, pobres, oprimidos, menesterosos y necesitados de sus voraces opresores. Pero eso no sucedía.
5 Ellos no saben nada, no entienden nada.
Deambulan en la oscuridad;
se estremecen todos los cimientos de la tierra.
Aquellos que debieran saber y aplicar la ley son como ciegos ignorantes que viven en la oscuridad causada por su corrupción y desvergüenza. Sociedades cuya estabilidad depende de la justicia, se derrumban por la corrupción de sus jueces. La tierra misma se estremece y tambalea.
6 Yo les he dicho: “Ustedes son dioses;
todos ustedes son hijos del Altísimo”.
7 Pero morirán como cualquier mortal;
caerán como cualquier otro gobernante.
A pesar de su alto lugar y la dignidad con que están revestidos y revestidas, como hijos del Altísimo, no son más que mortales que caerán como cualquiera, sin importar su investidura.
8 Levántate, oh Dios, y juzga a la tierra,
pues tuyas son todas las naciones.
El horizonte del salmo es universal y cubre a todas las naciones. Por ello, el ruego insistente y urgente del pueblo: “Actúa y establece la justicia en las naciones”.
¡Cuán apropiado resulta este clamor en nuestros días! Y ¡cuán necesario ante las leyes dictadas por cortes supremas que privilegian al gran capital, a políticos corruptos y a criminales de cuello blanco!¡Cuán necesario es que el reino de justicia de Jesús se haga una realidad en nuestros sufridos pueblos y que la vida y los derechos de las y los pobres de la tierra sean protegidos y vindicados!
Himno para este día: Recomendamos el himno número 641, “Cuando el mundo padece tiranías” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.
Decimosexto domingo del tiempo ordinario: La arrogancia humana encuentra su castigo (Salmo 52)
El salmo de esta semana habla de manera contundente sobre las realidades que vivimos de arrogancia y destrucción de la vida. Al describir la soberbia y prepotencia de una persona poderosa (que ha tenido en cada generación a sus representantes) y su consecuente castigo, nos provee de un respiro y una visión profética que nos da fuerzas ante la normalización de la perversidad que vivimos. Necesitamos asirnos de la Palabra que nos da esperanza en la noche más oscura.
Salmo 52
Al director musical. Masquil de David, cuando Doeg el edomita fue a informarle a Saúl: David ha ido a la casa de Ajimélec
1 ¿Por qué te jactas de tu maldad, varón prepotente?
¡El amor de Dios es constante!
Desde el principio, el salmista se dirige directamente al malvado y lo desafía. Lo que describe permite ver el alto grado de perversidad de la persona interpelada. Ha llegado al fondo de su prepotencia y se siente orgullosa de su maldad, de su perversidad.
El contraste de la segunda línea ya adelanta el desenlace del salmo: “¡El amor de Dios es constante!”. Está presente día a día. La maldad de este personaje no ha de durar para siempre; la misericordia de Dios es una realidad cotidiana.
2 Tu lengua, como navaja afilada,
trama destrucción y practica el engaño.
3 Más que el bien, amas la maldad;
más que la verdad, amas la mentira. Selah.
El personaje descrito usa su lengua para hacer el mayor perjuicio posible. Engaña y daña. Aunque pretende buscar el bien y la paz, su amor y deleite están en la maldad y la mentira. Se esperaría que, dada su posición preeminente, se caracterizaría por el bien y la verdad. Pero su predilección está en el lado opuesto, la mentira y la perversidad.
4 Lengua embustera,
te encanta ofender con tus palabras.
5 Pero Dios te arruinará para siempre;
te tomará y te arrojará de tu hogar;
¡te arrancará del mundo de los vivientes! Selah.
De hecho, le dice el salmista a esta persona: “te encanta ofender con tus palabras”. Es una persona embustera que ya no distingue sus propias mentiras de la verdad. Tiene un registro amplísimo de mentiras y engaños.
Entonces, viene la palabra profética: “Dios te arruinará para siempre”. Su caída y ruina serán totales y definitivas. No se volverá a levantar.
Con dos imágenes describe la devastación de esta persona: Dios “te arrojará de tu hogar; ¡te arrancará del mundo de los vivientes!”. Será echada de su hogar y será desarraigada del mundo, como hierba mala. El juicio de Dios será contundente, severo y definitivo.
6 Los justos verán esto, y temerán;
entre burlas dirán de él:
7 ¡Aquí tienen al hombre
que no buscó refugio en Dios,
sino que confió en su gran riqueza
y se afirmó en su maldad!
Dos reacciones describen a los justos: temor y burla. El temor, como una reacción maravillada y sorprendida por la acción de Dios. La burla, porque finalmente pueden hablar de la perversidad encarnada por esta persona. La descripción es elocuente:
no buscó refugio en Dios,
sino que confió en su gran riqueza
y se afirmó en su maldad!
Aquí se describe la idolatría de manera clara: en lugar de poner su seguridad en Dios, la puso en sus riquezas, y ello lo afirmó en la práctica diaria de la perversidad. Creía que las riquezas le hacían impune, y así se estableció en un estilo de vida caracterizado por la maldad.
8 Pero yo soy como un olivo verde
que florece en la casa de Dios;
yo confío en el gran amor de Dios
eternamente y para siempre.
Si esta persona maligna fue desarraigada de la tierra, el salmista se ve a sí mismo como un olivo verde que florece en el templo, lugar donde la vida crece. En contraste con quien confía en sus riquezas, la fe del salmista se coloca siempre en la misericordia de Dios.
9 En todo tiempo te alabaré por tus obras;
en ti pondré mi esperanza en presencia de tus fieles,
porque tu nombre es bueno.
La reflexión profética se convierte en himno de alabanza y confesión de fe en la bondad de Dios: de allí, como planta robusta y fértil, brota la esperanza.
Dios actúa en la historia y pone en su lugar a las personas prepotentes y arrogantes. Ello es fuente de alabanza. Y, a la vez, es ocasión de reafirmar su fe en la bondad del Señor. Ello es tierra fértil de donde surge la esperanza.
Himno para este día: Recomendamos el himno número 248 “Jesucristo, esperanza del mundo” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.