Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Published on
March 16, 2026

El documento analiza el significado de los Salmos en el calendario litúrgico cristiano, centrándose en su significado durante la temporada de Resurrección. Se destaca cómo estos salmos celebran nuestro éxodo de Egipto y así simbolizan la victoria de Dios ante las fuerzas del mal y la muerte, con la resurrección de Jesús.  

Domingo de Resurrección: Un nuevo éxodo hacia la libertad y la nueva vida (Salmo 114) 

El salmo 114 es un salmo que el calendario litúrgico cristiano usa para la noche de resurrección. Es un salmo que celebra la salida de Egipto y que describe el poder de Dios ante las fuerzas del mal (el mar) y la creación. Lo usamos en nuestro culto porque la resurrección de Jesús muestra el dominio del Señor ante sus enemigos y la muerte. 

Salmo 114

1 Cuando Israel, el pueblo de Jacob,

salió de Egipto, de un pueblo extraño,

2 Judá se convirtió en el santuario de Dios;

Israel llegó a ser su dominio. 

El salmo representa el éxodo de Egipto y la entrada a la tierra prometida de manera única y sorprendente, en términos cósmicos. La primera nota nos recuerda un hecho fundamental para la nación. De un pueblo de esclavos, oprimido y explotado, Dios los convierte en su santuario, en una expresión de su reino, de su dominio: “Serán un reino de sacerdotes y gente santa” (Ex 19:6). 

En nuestro éxodo, nosotros que no éramos pueblo, ahora somos pueblo de Dios: “ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pe 2:9). 

3 Al ver esto, el mar huyó;

el Jordán se volvió atrás.

4 Las montañas saltaron como carneros,

los cerros saltaron como ovejas.

5 ¿Qué te pasó, mar, que huiste,

y a ti, Jordán, que te volviste atrás?

6 ¿Y a ustedes, montañas, que saltaron como carneros?

¿Y a ustedes, cerros, que saltaron como ovejas? 

Lo que resulta singular de esta representación de la salida de Egipto, es que la misma creación personificada (el mar, las montañas), como un ejército en retirada, se vuelve atrás y huye ante la presencia de Dios y su pueblo. 

El salmista interpela al río y al mar (símbolo de la rebeldía de las naciones y representativos de sus dioses) y a las montañas, y de manera sarcástica, por su reacción aterrorizada ante el poderío de Dios. Une el mar Rojo y el río Jordán (salida de Egipto y entrada a la tierra prometida) como en una sola acción ante su temor por la presencia de Dios. El imperio que se construía sobre las espaldas y con la sangre de los esclavos ahora es juzgado y sometido. Y ni siquiera la creación misma puede impedirlo.

7 ¡Tiembla, oh tierra, ante el Señor,

tiembla ante el Dios de Jacob!

8 ¡Él convirtió la roca en un estanque,

el pedernal en manantiales de agua!  

Ante la presencia de Dios ahora se exhorta a toda la tierra a temblar. Ella que se creía estable e inamovible. La presencia del Señor sacude la misma estabilidad que representan las montañas y la tierra misma no se puede mantener. Dios ha llegado a trastocar todos los poderes del mal imperial y éstos no pueden hacerle frente al Señor de la vida y la libertad. Él no está contento con la realidad como es y viene a transformarla en lo que debe ser. 

La nota final señala que este Señor es también dador de vida aún ante la muerte. De las rocas y el pedernal saca agua. De lo inerte produce un manantial de vida. En otros lugares, esta realidad se representa con el valle de huesos secos en extremos del cual Dios crea un ejército (Ez 37), del bosque talado surge un retoño (Is 11), del desierto, el jardín de Edén (Is 35).  

Esta transformación del mundo, el éxodo, es ocasión para que el salmista nos invite a participar en la transformación del mundo en nuestra generación. Por ello contrasta las estructuras opresoras y esclavizantes de la sociedad con la presencia del Dios que crea la vida en medio de la muerte. 

A la luz de la resurrección de Jesús, afirmamos que el Señor ha iniciado una nueva creación (2 Co 5:17) al levantar a Jesús de los poderes de la muerte. En consecuencia, tenemos que considerar nuestro éxodo como algo definitivo y vivir cada día como lo que hemos sido llamados a ser: la comunidad de Emanuel (Mt 28:20), portadora de la presencia de Jesús el Señor y primicias del Reino. 

Afirmamos que el Señor ha iniciado una nueva creación (2 Co 5:17) al levantar a Jesús de la muerte. En consecuencia, tenemos que vivir cada día como lo que hemos sido llamados a ser: la comunidad de Emanuel (Mt 28:20), portadora de la presencia de Jesús el Señor y primicias del Reino.

¡Que nuestras comunidades vivan como una comunidad donde la nueva creación es una realidad ante los poderes de la muerte que abundan en nuestras sociedades!    

Himno para este día: Recomendamos el himno número 29 “Dios nos libera,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios. 

 

Segundo domingo de la temporada de Resurrección: Celebración de la vida en comunidad (Salmo 133) 

Uno de los frutos de la resurrección de Jesús es la formación de una nueva humanidad (Ef 2:15), la iglesia que Dios está formando de todas las naciones, el Israel de Dios (Ga 6:16). Esa comunidad debe ser modelo para la vida social, primicias del reino de shalom, una comunidad donde se vive la unidad y donde las barreras creadas por la humanidad se han derribado (Ef 2:14). La vida florece donde se construye la armonía entre hermanas y hermanos: la nueva familia de Dios. Esto es lo que celebra el salmo. 

Salmo 133

Cántico de los peregrinos. De David 

1 ¡Cuán bueno y cuán agradable es

que los hermanos convivan en armonía! 

El salmo irrumpe con una exclamación de profunda satisfacción y gozo que celebra la unidad familiar, de la tribu y de la nación. Ante la normalidad de las discordias, pleitos, intrigas y enemistades aún en el seno familiar (recordemos las múltiples historias bíblicas como la de Caín y Abel, Abraham y Lot, José y sus hermanos, etc.) no es extraño que el salmista ensalce la unidad que observaba en un momento dado. 

El momento de unidad es elogiado porque en sí mismo es manifestación de la vida social como Dios la quiso desde el principio, lo que debiera ser natural. Y cuando, venciendo barreras y obstáculos, podemos convivir en armonía, entonces tenemos una probada de lo que la vida en comunidad puede y debe ser. El grito alegre reconoce lo bello y bueno que es estar juntos, unánimes y en paz.  

2 Es como el buen aceite que, desde la cabeza,

va descendiendo por la barba,

por la barba de Aarón,

hasta el borde de sus vestiduras.

3 Es como el rocío de Hermón

que va descendiendo sobre los montes de Sión. 

Dos símiles ilustran lo que el salmista tiene en mente: el aceite y el rocío. El primer símil nos da la imagen de la unción del sumo sacerdote Aarón. El aceite derramado en su cabeza era fino y aromático. Representaba la unción del Espíritu. Así como el aceite se derrama y cubre todo el cuerpo y las vestiduras del sacerdote, de esa manera el Espíritu cubre toda la vida de la comunidad haciendo que su unanimidad y solidaridad sean como un grato perfume para todas las personas que lo viven y lo atestiguan (ver Hch 2:43-47). 

El rocío en tierra árida es una dádiva de Dios y muestra de su cuidado por la creación. Se consideraba como un hecho misterioso y generoso de parte de Dios. Esta imagen también apunta a la bondad que Dios manifiesta por medio de su Espíritu que refresca y vivifica. 

La unanimidad es regalo de Dios. Nos unge y da vida y hace posible que aquí y ahora podamos experimentar su bondad y gracia. 

Donde se da esta armonía,

el Señor concede bendición y vida eterna 

Con estas palabras resume el salmista sus imágenes: La armonía es fruto de la bendición y vida que son un don de Dios. La bendición de Dios, desde Génesis uno, es creadora de vida y armonía. Es la palabra que Dios pronuncia sobre su creación y la humanidad que genera shalom, orden y armonía. Es la palabra que crea la vida y hace posible a la primera pareja multiplicar esa vida (Gn 1:28). Cuando Dios contempla la armonía en toda su creación dice: “Es bueno en gran manera” (Gn 1:31). Así mismo el salmista, al contemplar la armonía de la comunidad de fe, exclama: “¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía!” 

El sueño y oración de Jesús era que sus discípulos fueran unidos y vivieran en armonía para que, como manifestación de la nueva creación, sorprendan al mundo y éste crea en Jesús (Jn 17:11, 21-23). Y por ello, cuando Pablo describe la nueva humanidad creada por el sacrificio de Jesús (Ef 2:11-22) nos exhorta a vivir en unidad por el fruto y los dones del Espíritu (Ef 4:1-16).  

Vivimos en sociedades profundamente escindidas por razones de raza, etnicidad, clase social, religión y género, que se han normalizado y considerado como parte de la normalidad de la vida social. En ese contexto, la armonía en la familia de Dios es don de Dios por su Espíritu y también tarea cotidiana de quienes seguimos a Jesús. Que Dios nos conceda celebrar la armonía que el resucitado ha hecho posible entre su familia. 

Himno para este día: Recomendamos el himno número 230 “Miren qué bueno,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios. 

 

Tercer domingo de la temporada de Resurrección: “Tú, Señor, me sacaste del sepulcro; me hiciste revivir de entre los muertos” (Salmo 30) 

Estamos ante otro salmo de resurrección. El salmista expresa su acción de gracias por la bondad de Dios que le ha rescatado de la muerte. Invita a la comunidad de fe a que se le una en gratitud y narra su experiencia. La razón de su sentido agradecimiento se encuentra en la fidelidad y gracia de Dios que convierte el luto en danza. Agradece a Dios y confiesa su fidelidad. Y la gratitud es también compromiso de entrega y adoración al Señor que da la vida. Sin duda, es apropiado en esta temporada de resurrección en la que Dios sacó a su hijo Jesús del sepulcro. La vida triunfó sobre la muerte.  

Salmo 30

Cántico para la dedicación de la casa. Salmo de Davi 

 

1 Te exaltaré, Señor, porque me levantaste,

porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí.

2 Señor mi Dios, te pedí ayuda

y me sanaste.

3 Tú, Señor, me sacaste del sepulcro;

me hiciste revivir de entre los muertos. 

La gratitud brota de la memoria. El recuerdo de la prodigiosa sanación del Señor es causa de alabanza y agradecimiento. Cuatro verbos expresan lo que Dios hizo por el salmista: “Me levantaste…me sanaste…me sacaste…me hiciste revivir”. Esto ante los enemigos ansiosos de burlarse de él. Y esto fue posible porque le pidió ayuda.  

Ante una grave enfermedad o la inminencia de la muerte, estando a las puertas del Sheol, o en el fondo del pozo (me sacaste) Dios respondió a su oración. Esa memoria es causa de gratitud, ha vuelto a nacer, ha recibido nuevas fuerzas. La alabanza y gratitud salen del fondo del corazón.

4 Canten al Señor, ustedes sus fieles;

alaben su santo nombre.

5 Porque sólo un instante dura su enojo,

pero toda una vida su bondad.

Si por la noche hay llanto,

por la mañana habrá gritos de alegría. 

Cuando la gratitud es amplia no basta expresarla a solas, debe ser compartida por el pueblo de Dios. Por ello, David invita a los fieles a que se unan en el canto y la gratitud y confiesen con él la santidad del Señor. 

La razón, porque, es poderosa. La ira de Dios dura muy poco, su bondad es infinita. A las lágrimas y llanto les siguen los gritos de alegría. Es casi como una ley de la naturaleza que como se da la regularidad de que a la noche le sigue el día, así el sufrimiento es seguido por el consuelo de Dios.  

6 Cuando me sentí seguro, exclamé:

Jamás seré conmovido.

7 Tú, Señor, en tu buena voluntad,

me afirmaste en elevado baluarte;

pero escondiste tu rostro,

y yo quedé confundido. 

Ahora el salmista nos cuenta una experiencia común en la vida de fe. Hay momentos en la vida en que todo va bien y pensamos que así será para siempre: “Jamás seré conmovido”. E incluso, con toda razón, confesamos la buena voluntad del Señor y la firmeza que nos ha dado.  

Pero eso no dura. También llegan las crisis y nos desconcertamos: “escondiste tu rostro, y yo quedé confundido”. Esos vaivenes de la vida son regulares y tenemos que aprender a enfrentarlos con gratitud en las buenas y con ruegos ante las malas.  

8 A ti clamo, Señor soberano;

a ti me vuelvo suplicante.

9 ¿Qué ganas tú con que yo muera,

con que descienda yo al sepulcro?

¿Acaso el polvo te alabará

o proclamará tu verdad?

10 Oye, Señor; compadécete de mí.

¡Sé tú, Señor, mi ayuda! 

Ante el peligro de muerte, por enfermedad u otra circunstancia, surge el lamento. Inicia con un grito urgente directo a Dios (v. 8); luego plantea su argumento: ¿Quién te alabará y proclamará tu verdad ya muerto? (v. 9); finalmente presenta su ruego dolido: “compadécete de mí” (v. 10). 

11 Convertiste mi lamento en danza;

me quitaste la ropa de luto

y me vestiste de fiesta,

12 para que te cante y te glorifique,

y no me quede callado. 

En la conclusión, el salmista celebra la respuesta de Dios a su ruego: Tres acciones resumen lo que Dios hizo por él: “Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta”. Vuelve a la nota celebratoria de los vv. 4-5 y manifiesta su gratitud a Dios por la manera en que ha transformado su luto en fiesta.

La finalidad de la sanidad recibida es clara: “para que te cante y te glorifique, y no me quede callado”. Ese es el propósito de Dios: que reconozcamos su bondad y la hagamos conocer a otras y otros. ¡Señor mi Dios, siempre te daré gracias! 

Este es el fruto de las acciones de Dios, nuestra gratitud constante. Y la gratitud es el suelo fértil de donde brota una vida de compromiso a Dios y a todas las personas. 

Himno para este día: Recomendamos el himno número 466 “Del alba al despuntar,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios. 

 

Cuarto domingo de la temporada de Resurrección: Plena seguridad ante las vicisitudes de la vida (Salmo 23) 

Consideramos este salmo en el contexto de nuestro calendario litúrgico cristiano a la luz de la resurrección de Jesús, nuestro Señor, el buen pastor (Jn 10). El mal en todas sus formas está presente en el mundo y nos toca todo el tiempo. Pero la provisión, guía y protección del Señor son garantes de una vida que con todos sus vaivenes, cuenta con la presencia de Dios: “¡Tú estás a mi lado!” (Mt 28:20).

Salmo 23

Salmo de David 

1 El Señor es mi pastor, nada me falta; 

Abre el salmo con una confesión confiada de Dios como pastor que cuida de nosotros y nos da todo lo que necesitamos. A partir de su experiencia como pastor, David traslada su vivencia a su relación con el Señor.  

2 en verdes pastos me hace descansar.

Junto a tranquilas aguas me conduce;

3 me infunde nuevas fuerzas. 

Alimento: Debemos evitar una espiritualización del salmo. David habla de la necesidad de pan y agua. El sustento para el diario vivir. Como Jesús que nos enseñó a orar “danos nuestro pan de cada día” así el salmo presenta a Dios como el pastor que nos procura alimentos selectos: “verdes pastos…tranquilas aguas”. Y esos alimentos nos infunden nuevas fuerzas.   

3Me guía por sendas de justicia

por amor a su nombre. 

Dirección:  Las ovejas son animales domésticos, incapaces por naturaleza de conseguir sus alimentos y carentes de un sentido de orientación. Por ello, dependen de la guía de un pastor o pastora. David afirma que su pastor le guía en el camino porque así honra su propia profesión, su nombre.

4 Aun si voy por valles tenebrosos,

no temo peligro alguno

porque tú estás a mi lado;

tu vara de pastor me reconforta. 

Protección: Un buen pastor, que no es asalariado, pone el bienestar de sus ovejas antes que la seguridad de su propia persona. La oveja ha aprendido que aún en los peores lugares y ante los máximos peligros, él está a su lado. Su vara de pastor le guía y defiende. 

5 Dispones ante mí un banquete

en presencia de mis enemigos.

Has ungido con perfume mi cabeza;

has llenado mi copa a rebosar. 

La imagen ahora cambia y nos lleva a una situación de refugio. Una persona huye de sus enemigos que buscan su vida y se refugia en una ciudad santuario o bien bajo la protección de un jeque, patriarca de su clan.  

El jeque lo acoge y le da protección. Pero no sólo eso; le ofrece un banquete abundante ante la vista de sus enemigos que no le pueden hacer nada. Le unge con perfume y le da comida y vino en abundancia.  

Así el Señor, en las peores circunstancias, protege a su pueblo de las amenazas de muerte y los peligros de la vida.   

6 La bondad y el amor me seguirán

todos los días de mi vida;

y en la casa del Señor

habitaré para siempre. 

Cuando el huésped tiene que seguir su camino, el jefe de la casa le envía dos guardaespaldas: bondad y amor aquí personalizadas. Así que en su camino a la casa del Señor va con ese par de escoltas que garantizan protección y bienestar para el largo camino de la vida. 

El salmo así expresa una total seguridad en la vida bajo el amparo del buen pastor que, ya resucitado, nos asegura su presencia permanente. Similar al sentir de este salmo son las palabras de Pablo en la carta a los romanos. Allí reúne todos los enemigos, peligros y amenazas en esta vida y, confiado en la presencia constante del Señor, declara con plena seguridad: 

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito:

Por tu causa siempre nos llevan a la muerte;

¡nos tratan como a ovejas para el matadero!

Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes,  ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor (Ro 8:35-39). 

Himno para este día: Recomendamos el himno número 338 “El Señor es mi pastor,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.