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February 10, 2026

La Primera Iglesia Bautista de Caguas, ubicada en Caguas, Puerto Rico, vive una etapa de renovación espiritual y comunitaria tras un año de intenso trabajo centrado en la revitalización de su vida litúrgica. Bajo el lema “Ha llegado el tiempo de cantar”, la congregación ha impulsado una serie de iniciativas que integran música, formación teológica, reflexión bíblica y participación intergeneracional con el fin de redescubrir la riqueza de la adoración como experiencia integral de fe. Alberto J. Díaz Rivera, pastor de la congregación, explicó que el proyecto surgió de un proceso de discernimiento sobre cómo fortalecer la espiritualidad y la comunión. “Nuestro proyecto estuvo basado en un proceso de revitalización de la experiencia de la adoración a través de la incorporación de músicos, de la capacitación y de la comunión entre creyentes”, señaló.

Un nombre con raíz bíblica

El lema que identifica la iniciativa proviene del libro de Cantar de los Cantares, capítulo 2, versículos del 10 al 12. Según el pastor Díaz Rivera, ese pasaje refleja la alegría y el florecimiento que la adoración puede generar dentro de una comunidad de fe. “Quisimos identificar un texto bíblico que expresara lo que produce la adoración en la vida de la iglesia cuando se convierte en instrumento de revitalización”, explicó.

Amplitud teológica y práctica vivida

Uno de los ejes centrales del proyecto fue la reflexión sobre la amplitud teológica de la adoración. “Creemos que la adoración impacta la totalidad de la vida del creyente. No se limita a la alabanza dentro del templo, sino que debe permear nuestra visión del mundo y nuestro esfuerzo en la construcción del Reino de Dios”, expresó el pastor.

Esa comprensión amplia sirvió de guía para una serie de afirmaciones teológicas que orientaron las actividades durante el año. Lilybeth Bosch Ramírez, líder laica y coordinadora del proceso educativo, destacó que esas afirmaciones se convirtieron en una herramienta de formación continua. “Guiaron cada experiencia para profundizar. Incluimos procesos de capacitación desde los más pequeños hasta los adultos mayores, además de retiros congregacionales que permitieron dialogar con mayor intencionalidad sobre la relación entre la teología y la práctica cotidiana”, señaló.

Formación, música y nuevas expresiones

El proyecto también promovió espacios de enseñanza formal y encuentros abiertos. Bosch Ramírez detalló que se ofrecieron paneles y talleres sobre la adoración desde la identidad bautista y su relación con contextos contemporáneos. “Tuvimos invitados que abordaron el tema

desde nuestra historia y teología, pero también desde las tendencias actuales. Una de nuestras jóvenes, formada en el tema de la adoración, fue recurso interno y compartió su experiencia con la congregación”, dijo.

La dimensión musical cobró especial relevancia. Linnette Vázquez González, integrante del Ministerio de Adoración, relató que los músicos invitados aportaron un nuevo dinamismo a los cultos. “Queríamos introducir una adoración un poco más moderna, y se logró. La congregación lo aceptó con entusiasmo y fue una experiencia maravillosa”, comentó.

El proyecto propició además la integración de músicos jóvenes del Colegio Bautista de Caguas. Cuatro estudiantes y su maestro de música se sumaron al ministerio congregacional, participando mensualmente en los cultos. “Dirigían la adoración con saxofón, trompeta, batería, guitarra y percusión junto a nuestra directora musical. Se logró un balance entre los cánticos contemporáneos y el ministerio coral tradicional de la iglesia”, añadió Bosch Ramírez.

Alcance educativo e intergeneracional

El pastor Díaz Rivera subrayó el impacto más allá del templo. “Parte del proceso incluyó actividades en el Colegio Bautista, no solo con los maestros de educación cristiana, sino también con los estudiantes. Se organizaron retiros que ofrecieron experiencias espirituales fuera del espacio litúrgico tradicional, alcanzando a la niñez y la juventud”, afirmó.

El colegio, que atiende a 602 estudiantes desde el nivel preescolar hasta cuarto año de escuela superior, se convirtió así en un espacio vital para conectar generaciones y fomentar una comprensión práctica de la adoración como estilo de vida.

Predicación, dones y vida congregacional

Durante seis meses, la iglesia contó con la participación de predicadores invitados que abordaron el tema de la adoración desde diversos enfoques. “Fue un tiempo muy intencional”, explicó Bosch Ramírez. “Además, ofrecimos un taller sobre el discernimiento de los dones para que cada persona reconociera que, sin importar su etapa de vida, todavía tiene algo que aportar al Reino de Dios”.

Estos espacios complementaron la enseñanza bíblica y fortalecieron la comprensión de la adoración como respuesta integral a la fe.

Retos y logros

El proceso no estuvo exento de desafíos. Uno de ellos fue la participación de los niños en los ensayos de adoración. “Queríamos que ellos cantaran y dirigieran parte del culto, pero fue difícil coordinar horarios debido a las dinámicas familiares y la disponibilidad de los adultos mayores que los acompañan”, reconoció Bosch Ramírez. Aun así, destacó que el esfuerzo permitió formar a los niños en el significado de la adoración y fomentar su sentido de pertenencia.

Las sorpresas positivas, por otro lado, superaron las expectativas. “Una de las mayores alegrías fue la respuesta de la congregación ante la integración de los músicos y el estilo contemporáneo. La aceptación fue mejor de lo esperado”, señaló el pastor Díaz Rivera.

Bosch Ramírez añadió que la experiencia motivó a los feligreses a ofrecer apoyo voluntario y económico para continuar el proyecto. “Eso era precisamente lo que buscábamos: que las personas quisieran insertarse activamente en la adoración”, dijo.

Vázquez González compartió también el impacto emocional de las nuevas expresiones musicales. “Al terminar los cultos, muchos hermanos se me acercaban para decir que la música les había tocado el corazón. Eso fue una gran bendición”, expresó con gratitud.

Identidad y continuidad

Para el reverendo Díaz Rivera, uno de los mayores aprendizajes ha sido mantener la fidelidad a la identidad congregacional mientras se abren caminos a la renovación. “Logramos mantener un enlace entre lo que somos y lo que aspiramos ser. Damos espacio a nuevas experiencias de adoración sin perder nuestra esencia. Así la iglesia puede tener una adoración más relevante, que responda a la realidad multigeneracional de hoy”, afirmó.

El proyecto culminó oficialmente en junio, pero la comunidad espera seguir fortaleciendo este espíritu de renovación. “La iglesia comprendió el propósito de todo el proceso desde el inicio. Ha sido una bendición para la congregación, y sabemos que lo aprendido seguirá dando fruto”, concluyó el pastor.