Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Published on
July 16, 2026

La felicidad genuina se vive en el seno del hogar (Salmo 128). En la vida de toda persona se experimentan peligros de muerte, pero Dios escucha y socorre a quienes lo invocan (Salmo 107). Mantener viva la memoria de las grandes acciones de Dios en la historia enriquece nuestra vida y adoración a Dios (Salmo 105). Asimismo, estudiar y reflexionar sobre lo que Dios ha hecho y hace en el mundo nos ayuda a ser sabios artesanos de nuestra vida personal y comunitaria (Salmo 111). Y, aun cuando vivamos situaciones de peligro mortal, si Dios está de nuestra parte, somos más que vencedores por su amor (Salmo 124).

Decimoséptimo domingo del tiempo ordinario: El hogar como lugar y fuente de la genuina dicha (Salmo 128)

Este es un salmo que los peregrinos cantaban en su camino a Jerusalén. Y esta colección de salmos (120-133) eran cantos para formarnos en el discipulado, para vivir “una larga obediencia en la misma dirección” (Eugene H. Peterson). Cantos con los que se cultiva la esperanza, la fe,  la obediencia y el temor (respeto) a Dios.

El salmo abre con la bienaventuranza con la que empieza el salterio (Sal 1:1) y manifiesta en qué consiste la genuina felicidad. Esta se describe en términos domésticos de la vida en el seno de la familia.

1Dichosos todos los que temen al Señor,
los que van por sus caminos.

De inmediato, descubrimos que este es un salmo sapiencial que nos pone en el camino de la sabiduría. Para un peregrino es importante ser sabio ante el camino que recorre. Y la clave para adquirir esa sabiduría es el temor al Señor (Pr 1:7; Job 28:28; Ec.12:13).

Si nos preguntamos cuál es la mejor manera de andar el camino de la vida, la respuesta es el respeto-temor a Dios. Es esa actitud de reconocimiento de la presencia sorprendente de Dios, de su grandeza y misericordia en este mundo y en nuestra vida. Dios está presente, y esa conciencia infunde en nosotros una actitud de respeto reverente, unida al amor a Dios, que se muestra en la obediencia a su Palabra.

Por ello, el salmo añade: “los que van por sus caminos”. Es decir, el temor-reverencia a Dios se traduce en la obediencia, en andar por los caminos que Dios nos ha señalado. Y ese estilo de vida, marcado por una constante, larga obediencia, tiene consecuencias extraordinarias en la vida familiar.     

Lo que ganes con tus manos, eso comerás;
gozarás de dicha y prosperidad.

Disfrutar del fruto del trabajo y poder comer cada día son señales de la bondad divina en nuestra vida. Este enfoque es muy importante porque nos recuerda que la dicha se encuentra en tener lo necesario para vivir y poder gozarlo, no en el consumo desmedido o en la búsqueda insaciable de riquezas, como nos predican los medios de comunicación. 

Disfrutar del fruto del trabajo y poder comer cada día son señales de la bondad divina en nuestra vida.

Un contraste que se repite en el AT es que la persona que no tiene la bendición de Dios trabajará, pero no gozará del fruto de su trabajo, y su vida familiar será un desastre doloroso (Dt 28:30-41; Is 65:21-23). El contraste es claro: algo que parece simple, gozar del fruto del trabajosolo es posible por la bendición de Dios: solo así gozarás de dicha (bienaventuranza) y prosperidad (bondad de Dios).

Esa dicha se ilustra con dos metáforas muy sugerentes: una vid llena de uvas y vástagos de olivoLa primera ilustra a la esposa, la segunda, a los hijos e hijas.

Como ya señalamos, esta dicha se da en el seno del hogar. El texto así nos remite al ámbito donde se manifiesta y vive la genuina dicha en la vida. Y se describe en términos sencillos, simples. Para sociedades modernas que han perdido la brújula, esto es un recordatorio pertinente.   

tu esposa será como vid llena de uvas;
alrededor de tu mesa

Con un símbolo de fertilidad robusta, propio de aquella cultura agrícola, la esposa es descrita como una vid fértil. Y esto no tiene que ver exclusivamente con la procreación de hijas e hijos, sino con la capacidad de hacer del hogar un lugar fructífero donde la vida, en todos sus sentidos, se multiplica. Es similar a la mujer virtuosa de Pr 31:10-31, cuya actividad en el hogar y fuera de él ennoblece y hace posible disfrutar la vida.  

tus hijos serán como vástagos de olivo.

La imagen de los hijos es también agrícola, y habla de la fertilidad y la vida que se reproduce para el bien de todas y todos. Hijas e hijos cuyas vidas florecen y fructifican para el bien de los demás. 

Tales son las bendiciones
de los que temen al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión

Dos veces se repite la palabra bendición. Las bendiciones que Dios da a quienes lo temen (v.1), y la bendición que ahora se pronuncia a favor de los peregrinos en el camino de la vida.

y veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida.
Que vivas para ver a los hijos de tus hijos

Del hogar pasa a la comunidad de fe, la ciudad de Jerusalén. En términos cristianos, lo entendemos como la “Jerusalén de arriba” (Gl 4:26), la Iglesia. Si los hogares cristianos temen a Dios y andan en sus caminos, la Iglesia será próspera, tendrá bendición. 

Y la bendición de Dios se suplica para que se manifieste en la enorme alegría de ver y disfrutar a los nietos. Allí se encuentra la verdadera felicidad, en el seno del hogar, en la convivencia fructífera de, al menos, tres generaciones. 

¡Que haya paz en Israel!

Y termina el salmo con la esperanza de shalom, de paz para Israel, que, como bien dice Pablo, el verdadero Israel de Dios (Gl 6:16) es la iglesia formada por personas de todas las naciones. Que el shalom de Dios se manifieste en todas las áreas de la vida familiar y se derrame sobre todo el pueblo de Dios.

Himno para este día: Recomendamos el himno número 705, “Recibirás bendición” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

Decimoctavo domingo del tiempo ordinario: Las misericordias de Dios deben hacernos personas sabias (Salmo 107:1-9, 43) 

Este es un salmo de acción de gracias por la liberación prodigiosa que Dios realizó a favor de personas que se encontraban en peligro de muerte, sin distinciones ni exclusivismos nacionalistas. Dios está presente y ayuda a todas las personas que lo invocan. 

Den gracias al Señor, porque él es bueno;
su gran amor perdura para siempre.
Que lo digan los redimidos del Señor,
a quienes redimió del poder del adversario,
a quienes reunió de todos los países,
de oriente y de occidente, del norte y del sur.

Con un estribillo bien conocido en otros salmos, aquí se nos llama a expresar nuestra gratitud por la bondad y misericordia del SeñorA la luz del desarrollo del salmo, comprobamos cuán pertinente y cierto es el llamado a ser agradecidos, ya que los peligros de la vida son constantes, como lo es la bondad de Dios, que nos libra de ellos.

Luego, el llamado se hace más específico hacia aquellos que fueron librados del poder de sus enemigos (en un principio el éxodo, y bien pueden ser otras liberaciones de la esclavitud y opresión) y a quienes fueron reunidos del exilio desde los cuatro puntos cardinales.

A continuación, el salmo describe una situación de peligro extremo: caravanas perdidas en el desierto,  que están a punto de perder la vida. En aquellas tierras, rodeadas de vastos desiertos, aun los guías profesionales o la gente habituada a viajar por el desierto podían perderse y poner en riesgo su vida. 

Vagaban perdidos por parajes desiertos,
sin dar con el camino a una ciudad habitable.
Hambrientos y sedientos,
la vida se les iba consumiendo.
En su angustia clamaron al Señor,
y él los libró de su aflicción.
Los llevó por el camino recto
hasta llegar a una ciudad habitable.

La situación descrita deja ver la labor infructuosa y reiterada para poder llegar a una ciudad habitada donde refugiarse. La comida y la bebida escasean y, con ellas, las fuerzas para siquiera seguir intentando.

Y es entonces cuando, en su angustia clamaron al Señor. Cuando todo parecía perdido,  él los libró de su aflicción y los llevó por el camino recto hasta que llegaron a un lugar seguro.

Hay personas que, necesariamente, por razones de trabajo, tienen que hacer recorridos de alta peligrosidad. Para otras, puede ser algo ocasional. Pero lo cierto es que, en medio de grandes peligros mortales, la presencia de Dios, su amor y su misericordia se manifiestan rescatándonos de la muerte. Por ello, la única respuesta adecuada es la gratitud.

¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
por sus maravillas en favor de los hombres!
¡Él apaga la sed del sediento,
y sacia con lo mejor al hambriento!

El horizonte del salmo es tan amplio como la humanidad. Hace maravillas en favor de los hombres y las mujeres, de todos los seres humanosAsí reconoce que el amor de Dios no tiene límites ni discrimina, sino que a cualquier persona que, en su angustia clama a Dios, encuentra respuesta. Incluso sacia a los hambrientos con lo mejor.

Quien sea sabio, que considere estas cosas
y entienda bien el gran amor del Señor.

Una exhortación para asimilar las duras lecciones de la vida con sabiduría, aprender a valorar y poner una atención plena al gran amor o misericordia del SeñorAsí es como maduramos y crecemos en nuestro conocimiento de Dios, para con nosotros y para toda la humanidad.    

Himno para este día: Recomendamos el himno número 485, “Den gracias al Señor” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.    

Decimonoveno domingo del tiempo ordinario: Salmo 105:1-6, 16-22, 45b

 La historia de la nación es motivo de gratitud y sentida adoración. Uno de sus frutos es la obediencia aquí y ahora. Así pues, la crónica de lo sucedido es más que un registro muerto. Es razón actual de nuestra adoración y agradecimiento a Dios.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre;
den a conocer sus obras entre las naciones.
Cántenle, entónenle salmos;
hablen de todas sus maravillas.
Siéntanse orgullosos de su santo nombre;
alégrese el corazón de los que buscan al Señor.
Recurran al Señor y a su fuerza;
busquen siempre su rostro.

Diez imperativos que nos convocan a una adoración comunitaria con todo nuestro ser. Es gratitud, testimonio, canto, afirmación, orgullo, alegría y búsqueda de su presencia y comunión. Todo ello concurre en este llamado al culto.

Recuerden las maravillas que ha realizado,
sus señales, y los decretos que ha emitido.
¡Ustedes, descendientes de Abraham su siervo!
¡Ustedes, hijos de Jacob, elegidos suyos!

La memoria es indispensable para un culto inteligente. Es necesario que todas y todos recordemos las maravillas que Dios ha hecho en la historia, nuestra historia, y las celebremos como es debido: con todo nuestro ser.

16 Dios provocó hambre en la tierra
y destruyó todos sus trigales.
17 Pero envió delante de ellos a un hombre:
a José, vendido como esclavo.
18 Le sujetaron los pies con grilletes,
entre hierros le aprisionaron el cuello,
19 hasta que se cumplió lo que él predijo
y la palabra del Señor probó que él era veraz.
20 El rey ordenó ponerlo en libertad,
el gobernante de los pueblos lo dejó libre.
21 Le dio autoridad sobre toda su casa
y lo puso a cargo de cuanto poseía,
22 con pleno poder para instruir a sus príncipes
e impartir sabiduría a sus ancianos.

Se recuerdan la vida y las peripecias de José, hijo de Jacob, en pocas líneas: su esclavitud, su liberación de la cárcel en Egipto y su exaltación sobre toda la nación, incluso como maestro de los líderes y sabios de Egipto. Y, como lo hace el libro de Génesis, que descubre la mano de Dios en todos los vaivenes que experimentó José (Gn 50:19-21), así también el salmo reflexiona en esta parte de la historia de la nación, en la que Dios los libró de la hambruna, para darle a Dios la adoración plena, de todo corazón. 

45 para que ellos observaran sus preceptos
y pusieran en práctica sus leyes.

Al final del salmo, después de repasar hitos de suma importancia en la historia de la nación, esta reflexión histórica desciende al terreno de la vida diaria. Lo que se ha recordado de las maravillas que Dios ha realizado en la historia es para llevarnos a la obediencia de sus preceptos, para vivir su Palabra.

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Como inició el salmo, así termina, con una profunda y sentida alabanza a Dios. 

Himno para este día: Recomendamos el himno número 462,  “Grandes son tus maravillas” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

Vigésimo domingo del tiempo ordinario: La reflexión sobre las obras maravillosas de Dios conduce a la alabanza y a la obediencia (Salmo 111)

Este salmo es un poema acróstico que sigue el orden del alfabeto o alefato hebreo. Es un salmo que celebra la fidelidad de Dios a su pacto o alianza con su pueblo y que prorrumpe en alabanza como fruto de la meditación y la reflexión sobre las obras maravillosas de Dios, sus acciones en la historia y sus enseñanzas.

Es, por ello, una invitación a cultivar la meditación y el estudio de las obras del Señor en la historia para así responder a ellas con una adoración que brote de lo hondo del corazón. 

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Alabaré al Señor con todo el corazón
en la asamblea, en compañía de los rectos.

Inicia el salmo con una aclamación de alabanza al Señor, una exaltación de Dios que surge de lo más profundo del corazón, junto con toda la comunidad de fe. 

Grandes son las obras del Señor;
estudiadas por los que en ellas se deleitan.
Gloriosas y majestuosas son sus obras;
su justicia permanece para siempre.
Ha hecho memorables sus maravillas.
¡El Señor es clemente y compasivo!

Esta es la razón de la alabanza: las grandes obras del Señor, que son objeto de estudio para quienes encuentran su placer en ellas. Los términos usados muestran la comprensión que tiene el salmista de las acciones de Dios en la historia de su pueblo: son gloriosas, majestuosas y memorables.

Ellas manifiestan su justicia, que permanece para siempre, y el hecho de que el Señor es clemente y compasivo. Tales atributos de Dios son la base de la relación del Señor con su pueblo. Esta es regida por su justicia, y todo esto es causa de admiración y elogio a Dios. Cada uno de estos atributos hace posible que, a pesar de nuestra maldad, Dios nos trate con clemencia y compasión. Eso explica su gracia constante hacia nosotras y nosotros. 

Da de comer a quienes le temen;
siempre recuerda su pacto.

Ha mostrado a su pueblo el poder de sus obras
al darle la heredad de otras naciones.

Su pacto es la raíz última de lo que Dios hace a favor nuestro. El pacto nos recuerda que Dios es fiel a sus promesas (Ex 2:24-25) y, por ello, actúa para liberarnos de nuestros opresores con misericordia y justicia. Nos da de comer y nos provee un lugar para vivir y florecer. Lo hizo con Israel y lo sigue haciendo con nosotras y nosotros. 

Las obras de sus manos son fieles y justas;
todos sus preceptos son dignos de confianza,
inmutables por los siglos de los siglos,
establecidos con fidelidad y rectitud.

Dios se ha dado a conocer por medio de las obras de sus manos y también al darnos sus preceptosla palabra que es guía para la vida. Ella es digna de confianza, inmutabley se fundamenta en la fidelidad y rectitud propias de Dios. La reflexión sobre sus obras y su palabra son causa de nuestra adoración.

Pagó el precio del rescate de su pueblo
y estableció su pacto para siempre.
¡Su nombre es santo e imponente!

Nuestro rescate o redención tuvo un costo que Dios pagó. Nos compró del mercado de esclavos y pagó el alto costo de nuestra liberación. Lo hizo en el éxodo y en nuestro propio éxodo. Este es un tema recurrente y fundamental en el Nuevo Testamento para describir nuestra propia redención (por ejemplo, 1 Pe 1:18-20; Ef 1:7; Ro 3:24-26). 

10 El principio de la sabiduría es el temor del Señor;
buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos.
¡Su alabanza permanece para siempre!

Concluye el salmo con una invitación a la prudencia, con una oferta de sensatez (Schökel). La fuente de la sabiduría para el diario vivir es el temor del Señor (ver v. 5 y Pr 1:7; Job 28:28 y Ec 12:13). Esa sabiduría se manifiesta en la obediencia, en cumplir sus preceptos que son guía fiel para el camino de la vida. Así adoramos a Dios y respondemos a su fidelidad, clemencia y compasión. Así mostramos que tenemos buen juicio.

Himno para este día: Recomendamos el himno número 48,  “Oh, Dios eterno, tu misericordia” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

Vigesimoprimer domingo del tiempo ordinario: Ante los peligros de muerte, Dios está de nuestra parte (Salmo 124)

Como el primer salmo de este mes, el Salmo 124 es un salmo para los peregrinos que viajaban a Jerusalén a alguna de las fiestas anuales. Los viajes eran peligrosos, y el salmo testifica de la ayuda de Dios en las circunstancias de peligros extremos. Ese camino a Jerusalén era representativo del camino de la vida. Y el salmo nos recuerda que, si bien hemos de experimentar peligros mortales, Dios, el majestuoso Creador, estará de nuestra parte. 

Cántico de los peregrinos. De David.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
—que lo repita ahora Israel—,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
cuando todo el mundo se levantó contra nosotros,
nos habrían tragado vivos
al encenderse su furor contra nosotros;
nos habrían inundado las aguas,
el torrente nos habría arrastrado,
¡nos habrían arrastrado las aguas turbulentas!

El inicio del salmo muestra su uso litúrgico en el culto. Se invita a los oyentes a repetir: “ si el Señor no hubiera estado de nuestra parte”. Ese es el corazón del salmo, la confesión confiada de la presencia de Dios en nuestra vida y en medio de los peligros.

El peligro descrito surge del furor de la humanidad que se enciende como un fuego avasallador que incendia todo a su paso. Luego usa la imagen de “tragarnos vivos”, devorarnos como lo hace una bestia salvaje.

La siguiente imagen es la de una desbordada inundación que arrastra todo a su paso. Corrientes de agua que inundan y arrastran lo que encuentran en su camino. Llegan inadvertidas y nos arrastran en su cauce turbulento.

Así se experimentan muchos de los peligros que llegan a nuestra vida, ante los cuales no podemos hacer nada. Su fuerza y poder nos arrastran. 

Bendito sea el Señor, que no dejó
que nos despedazaran con sus dientes.
Como las aves, hemos escapado
de la trampa del cazador;
¡la trampa se rompió,
y nosotros escapamos!

Nuevamente surge la imagen de una bestia salvaje que nos ataca y despedaza con sus enormes fauces. Somos presa fácil de su violencia y fuerza. 

“Bendito sea el Señor” es expresión de gratitud y reconocimiento por su intervención oportuna que nos ha librado de las garras del enemigo. 

Otra imagen más describe la ayuda oportuna del Señor ante el peligro de muerte. Ahora es la trampa del cazador. Estábamos atrapados o atrapadas en la trampa, pero esta se rompió y pudimos escapar. Así se describe y se ha experimentado la liberación del Señor. 

Fuimos librados del furor de nuestros enemigos, que eran como bestias voraces, del río desbordado, que amenazaba arrastrarnos, y de la trampa de quienes nos querían cazar.

Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,
creador del cielo y de la tierra.

Nuestra ayuda viene del Señor, creador magnífico y admirable del universo. El Creador es también nuestra ayudaEl salmo regresa a la idea original de los vv. 1-2: “Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte”; y ahora nos recuerda que ese Señor es el Creador del mundo, del cielo y de la tierra.

De esa realidad, vivida en muchas situaciones, surge la confesión confiada de la ayuda que tenemos en el Señor, Creador del universo.

Podemos citar por lo menos dos pasajes del Nuevo Testamento donde esa confianza se desborda en alabanza y confesión de plena seguridad. 

Pablo describe los múltiples peligros que sufrió en su tarea misionera y la manera en que el Señor fue su ayuda:

He sido encarcelado más veces, he recibido los azotes más severos, he estado en peligro de muerte repetidas veces. Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes.  Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar. Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos. (2 Corintios 11:23-26).

En Romanos 8:31-39, reúne todas las fuerzas del mal y los poderes hostiles, y declara que, si Dios está de nuestra parte, como lo hace el Salmo 124, nada ni nadie nos podrá vencer; de hecho, somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?  El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?
[…]

Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor (Romanos 8: 31-35 y 37- 39).

Himno para este día: Recomendamos el himno número 385, “Nuestra ayuda viene del Señor” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.