Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Published on
March 5, 2026

En esta ocasión abordamos el significado de los salmos en el calendario litúrgico cristiano para Semana Santa. Los salmos asignados por el calendario tienen en común el tema de la muerte como peligro inminente. Y este, como en un crescendo, se intensifica a medida que vamos avanzando día tras día en la consideración de estos salmos. En todos ellos hay siempre una nota de esperanza e incluso de gratitud. Estos salmos nos ofrecen una nueva visión y comprensión de los eventos cruciales de la Semana Santa, de las oraciones y ruegos de Jesús durante esta significativa semana.

Domingo de Ramos: Ante el rechazo y la violencia surge la victoria de Dios (Salmo 118)

El Salmo 118 es un salmo de gratitud por la liberación de Dios de una severa crisis y la victoria que da al salmista. Este ha experimentado rechazo y violencia, pero Dios le ha salvado de la mano de sus enemigos. Incluso, le ha puesto en el centro de sus propósitos para el bien de su pueblo. Sin duda, un salmo mesiánico que describe la experiencia de Jesús, el Mesías.

El salmo tiene un carácter litúrgico claro e invita a lecturas alternadas en las que el ministro dirige a la congregación; el salmista da su testimonio y la congregación responde. Es muy eficaz seguir estas pistas al leer el salmo en el culto de adoración. Lo iremos indicando más adelante.   

Salmo 118

[Ministro]: Den gracias al Señor, porque él es bueno;
[Congregación]: su gran amor perdura para siempre.

Este es un salmo de acción de gracias. Los vv. 1 y 29, que son idénticos, marcan así una inclusión y determinan el tono y carácter del salmo: Gratitud al Señor por su bondad y gran amor que perdura para siempre. 

[Ministro]: Que proclame el pueblo de Israel:
[Congregación]: Su gran amor perdura para siempre.
[Ministro]: Que proclamen los descendientes de Aarón:
[Congregación]: Su gran amor perdura para siempre.
[Ministro]: Que proclamen los que temen al Señor:
[Congregación]: Su gran amor perdura para siempre.

[Salmista]: Desde mi angustia clamé al Señor,
y él respondió dándome libertad.
El Señor está conmigo, y no tengo miedo;
¿qué me puede hacer un simple mortal?
El Señor está conmigo, él es mi ayuda;
¡ya veré por los suelos a los que me odian!

     La razón de la gratitud surge de una experiencia de liberación de una crisis severa. La persona que habla da su testimonio y expresa la seguridad de la presencia del Señor en su vida, y que además Dios se encargará de sus enemigos.

[Congregación]:  Es mejor refugiarse en el Señor
que confiar en el hombre.
Es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los poderosos.

La congregación coincide con el testimonio del orante y afirma que Dios es el mejor refugio aun ante enemigos poderosos.

[Salmista]: 10 Todas las naciones me rodearon,
pero en el nombre del Señor las aniquilé.
11 Me rodearon por completo,
pero en el nombre del Señor las aniquilé.
12 Me rodearon como avispas,
pero se consumieron como zarzas en el fuego.
¡En el nombre del Señor las aniquilé!
13 Me empujaron con violencia para que cayera,
pero el Señor me ayudó.
14 El Señor es mi fuerza y mi canto;
¡él es mi salvación!

           El salmista ahora usa el lenguaje de una batalla desigual. Todas las naciones le asediaron sin éxito. Eran como avispas pero se consumieron como zarzas en el fuego. Dios fue mi fuerza y mi canto; ¡él es mi salvación!

[Congregación]: 15 Gritos de júbilo y victoria
resuenan en las casas de los justos:
¡La diestra del Señor realiza proezas!
16 ¡La diestra del Señor es exaltada!
¡La diestra del Señor realiza proezas!

La congregación celebra la intervención del Señor dando la victoria a su siervo.

[Salmista]:  17 No he de morir; he de vivir
para proclamar las maravillas del Señor.
18 El Señor me ha castigado con dureza,
pero no me ha entregado a la muerte.
19 Ábranme las puertas de la justicia
para que entre yo a dar gracias al Señor.
20 Son las puertas del Señor,
por las que entran los justos.
21 ¡Te daré gracias porque me respondiste,
porque eres mi salvación!

     Reconoce el salmista que Dios lo castigó pero no lo dejó en manos de la muerte. Por ello, pide que le abran las puertas de la ciudad para expresar su gratitud por la victoria que Yahvé le ha concedido.

[Ministro]: 22 La piedra que desecharon los constructores
ha llegado a ser la piedra angular.
23 Esto ha sido obra del Señor,
y nos deja maravillados.
24 Éste es el día en que el Señor actuó;
regocijémonos y alegrémonos en él.

     El ministro reflexiona en lo que ha pasado y concluye que el rechazo fue un fracaso. Dios ha hecho al rey la piedra angular. La victoria es obra del Señor, es el día en que el Señor actuó y por ello llama a la congregación a celebrar y regocijarse.

[Congregación]25 Señor, ¡danos la salvación!
Señor, ¡concédenos la victoria!

     Los fieles piden ahora con hosannas (sálvanos ahora) que Dios actúe ahora y les conceda la victoria. Esa experiencia del salmista y su testimonio, en este momento que vive la asamblea, es ocasión para que Dios intervenga de nuevo y les conceda la libertad de sus enemigos.

[Ministro]: 26 Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Desde la casa del Señor los bendecimos.
27 El Señor es Dios y nos ilumina.
Únanse a la procesión portando ramas en la mano
hasta los cuernos del altar.

           Ahora el ministro bendice al que viene en el nombre del SeñorResponde al ruego del rey: “Ábranme las puertas de la justicia para que entre yo a dar gracias al Señor” (v. 19) y le da la bienvenida. Al mismo tiempo bendice desde el templo a los congregantes: “Desde la casa del Señor los bendecimos”También les invita a unirse a la procesión portando ramas en la mano hasta que lleguen al templo.

[Salmista]: 28 Tú eres mi Dios, por eso te doy gracias;
tú eres mi Dios, por eso te exalto.

     El salmista finalmente expresa su gratitud y adoración a Dios en su casa por la liberación recibida. 

[Ministro]: 29 Den gracias al Señor, porque él es bueno;
[Congregación]: su gran amor perdura para siempre.

     Un llamado final del ministro a la congregación para que se unan en este acto de gratitud, tiene como respuesta el reconocimiento del amor perdurable del Señor por parte del pueblo.

     El Nuevo Testamento leyó este salmo en el contexto de la entrada de Jesús a Jerusalén. Los cantos de hosanna de los que le recibieron, las palmas que elevaban en honor a Jesús y el hecho de que las puertas de la ciudad fueran abiertas al Mesías eran un reconocimiento tácito de su carácter real. Él era el hijo de David, el Mesías que debía ser honrado como tal (Mt 21:9; Mc 11:9-10; Lc 19:18). En el último día todo el mundo le dirá: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mt 23:39) y en la gloria una gran multitud le honra con palmas en la mano (Ap 7:9).

     El tema de la piedra desechada también es usado por los Evangelios (Lc 20:17; Mt 21:42 y Mc 12:10-11) para explicar el rechazo que sufrió Jesús. Pedro, en su discurso ante el Sanedrín también usa este salmo y lo aplica a Jesús y a los edificadores que lo rechazaron (Hch 4:11-12), y luego lo usa en su primera carta para explicar lo que le sucedió a Jesús (1 Pe 2:6-7). 

     Nosotros también clamamos Hosanna, ¡Sálvanos ahora!, lo hacemos a Dios ante las injusticias y violencia que nuestras comunidades sufren: las redadas migratorias, la violencia criminal y del Estado, las muchas y muchos desaparecidos, los genocidios, las muertes. Dios escucha nuestro clamor y responde a su tiempo. El Domingo de Ramos es un tiempo de esperanza contra esperanza.       

Himno para este día: Recomendamos el himno número 191 “Este es el día,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Lunes de Semana Santa: La maldad humana ante la bondad de Dios (Salmo 36)

El salmo 36, asignado para este día por el calendario litúrgico cristiano, es muy significativo y describe las experiencias del Mesías Jesús durante esta semana final de su pasión. Leerlo a la luz de los evangelios ilumina la dura realidad que nuestro Señor vivió.

Salmo 36

Al director musical. De David, el siervo del Señor

Dice el pecador:
Ser impío lo llevo en el corazón.
No hay temor de Dios
delante de sus ojos.
Cree que merece alabanzas
y no halla aborrecible su pecado.
Sus palabras son inicuas y engañosas;
ha perdido el buen juicio
y la capacidad de hacer el bien.
Aún en su lecho trama hacer el mal;
se aferra a su mal camino
y persiste en la maldad. 

     Con su confesión propia, cínica y desvergonzada, el pecador describe su realidad de manera jactanciosa: “Ser impío lo llevo en el corazón”. Ni siquiera en la presencia de Dios tiene respeto o temor y considera que debe ser alabado por su maldad; nos recuerda a Lamec que se sentía orgulloso de su violencia y lo expresaba con un corrido popular (Gn 4:23-24). El salmo describe cómo el impío ha perdido su humanidad: “ha perdido el buen juicio y la capacidad de hacer el bien”Ha llegado a un punto sin retorno, es un enfermo desahuciado. 

5 Tu amor, Señor, llega hasta los cielos;
tu fidelidad alcanza las nubes.
Tu justicia es como las altas montañas;
tus juicios, como el gran océano.

     El contraste que plantea el salmo es intrigante y contundente. El amor, fidelidad y justicia de Dios son inconmensurables, su Palabra que orienta es como el vasto océano. Ante la maldad sin límite de los seres humanos existe otra realidad mucho más grande y avasalladora: la bondad de Dios. Es algo que no debemos perder de vista, sobre todo cuando nos parece que la perversidad en el mundo tiene la última palabra.

Tú, Señor, cuidas de hombres y animales;
¡cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor!
Todo ser humano halla refugio
a la sombra de tus alas.
Se sacian de la abundancia de tu casa;
les das a beber de tu río de deleites.
Porque en ti está la fuente de la vida,
y en tu luz podemos ver la luz.

     Dios cuida de todas y cada una de sus criaturas, animales y seres humanos por igual. Y eso es testimonio cotidiano de su amor ilimitado, como lo afirmó Jesús: “Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta (…). Observen cómo crecen los lirios del campo (…)” (Mt 6:26, 28). El Dios creador y sustentador de su creación tiene cuidado también de nosotros, su pueblo.

10 Extiende tu amor a los que te conocen,
y tu justicia a los rectos de corazón.
11 Que no me aplaste el pie del orgulloso,
ni me desarraigue la mano del impío.

     El ruego final del salmista es a favor de quienes conocen a Dios: Que su amor se manifieste en ellos, que viven rodeados y afligidos por la maldad de sus semejantes. La súplica es concreta: que esa maldad no me haga daño.

12 Vean cómo fracasan los malvados:
¡caen a tierra, y ya no pueden levantarse!

Contempla el salmista el fracaso de los malvados, lo cual confirma que la bondad de Dios siempre tiene la última palabra: El bien triunfa sobre el mal. Es una esperanza sólida aunque tardada y por ello anhelada.

Así fue la experiencia de Jesús durante su vía crucis en esta semana intensa. Era “la hora de la potestad de las tinieblas” (Lc 22:53). Jesús enfrentó de manera frontal la perversidad e inhumanidad de los líderes religiosos y de la gente. Y, sin embargo, se mantuvo firme seguro de que el amor de Dios prevalecería sobre el mal.

Himno para este día: Recomendamos el himno número 48 “Oh, Dios eterno, tu misericordia,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Martes de Semana Santa: Ante la persecución violenta, un ruego de esperanza (Salmo 71)

El salmo 71 es de un anciano que reconoce que el Señor ha estado con él toda su vida. Ruega insistentemente que Dios le ayude a cumplir con su misión, su tarea de enseñar a sus nietos las maravillas de Dios ante la realidad de personas malvadas y violentas que acechan su vida. Si bien Jesús no llegó a la vejez, sin embargo, el calendario cristiano ha asignado esta lectura a este día por la experiencia de oposición y violencia de parte de sus acusadores que Jesús experimentó en su semana final. Y Jesús, como el anciano, tiene la tarea de comunicar a las generaciones venideras las buenas nuevas de la bondad de Dios. 

Salmo 71

En ti, Señor, me he refugiado;
jamás me dejes quedar en vergüenza.
Por tu justicia, rescátame y líbrame;
dígnate escucharme, y sálvame.
Sé tú mi roca de refugio
adonde pueda yo siempre acudir;
da la orden de salvarme,
porque tú eres mi roca, mi fortaleza.
Líbrame, Dios mío, de manos de los impíos,
del poder de los malvados y violentos.

Yahvé es la roca de refugio para el salmista. Así lo ha sido durante toda su vida. Por ello expresa siete súplicas al que puede librarle de los violentos.

5 Tú, Soberano Señor, has sido mi esperanza;
en ti he confiado desde mi juventud.
De ti he dependido desde que nací;
del vientre materno me hiciste nacer.
¡Por siempre te alabaré!
Para muchos, soy motivo de asombro,
pero tú eres mi refugio inconmovible.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre,
y todo el día proclama tu grandeza.

     Como lo hace el salmo 139, en este salmo el anciano reconoce la mano y cuidado de Dios desde su nacimiento. Y su confianza en el Señor la ha cultivado desde su juventud. La alabanza y gratitud desbordan sus sentimientos.

9 No me rechaces cuando llegue a viejo;
no me abandones cuando me falten las fuerzas.
10 Porque mis enemigos murmuran contra mí;
los que me acechan se confabulan.
11 Y dicen: ¡Dios lo ha abandonado!
¡Persíganlo y agárrenlo, que nadie lo rescatará!
12 Dios mío, no te alejes de mí;
Dios mío, ven pronto a ayudarme.
13 Que perezcan humillados mis acusadores;
que se cubran de oprobio y de ignominia
los que buscan mi ruina.

           Su debilidad y falta de fuerzas en la vejez es lo que aprovechan sus acusadores y enemigos para burlarse y atraparlo. Creen que Dios le ha abandonado. Por ello, seis veces eleva sus ruegos a Dios para que aún en su vejez, no lo abandone y que por el contrario castigue a sus acusadores. Las palabras: “¡Dios lo ha abandonado! ¡Persíganlo y agárrenlo, que nadie lo rescatará!”  hacen eco en los evangelios en el momento de la crucifixión (Mt 27:40-44; Mc 15:29-32; Lc 23:35-39). Podemos imaginarnos a Jesús pensando estas palabras del salmo en su súplica a su Padre: “Dios mío, no te alejes de mí; Dios mío, ven pronto a ayudarme” (v.12).

14 Pero yo siempre tendré esperanza,
y más y más te alabaré.
15 Todo el día proclamará mi boca
tu justicia y tu salvación,
aunque es algo que no alcanzo a descifrar.
16 Soberano Señor, relataré tus obras poderosas,
y haré memoria de tu justicia,
de tu justicia solamente.
17 Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud,
y aún hoy anuncio todos tus prodigios.
18 Aun cuando sea yo anciano y peine canas,
no me abandones, oh Dios,
hasta que anuncie tu poder
a la generación venidera,
y dé a conocer tus proezas
a los que aún no han nacido.

La esperanza y gratitud dominan el salmo. Esa ha sido la marca de la vida del anciano: desde su juventud hasta ahora que peina canas ha anunciado fielmente los prodigios de Dios. Y desea todavía hacerlo a la generación venidera. Esa es su misión, educar a sus nietos para que conozcan el poder y las proezas de Dios.

19 Oh Dios, tú has hecho grandes cosas;
tu justicia llega a las alturas.
¿Quién como tú, oh Dios?
20 Me has hecho pasar por muchos infortunios,
pero volverás a darme vida;
de las profundidades de la tierra
volverás a levantarme.
21 Acrecentarás mi honor
y volverás a consolarme.

     Nuevamente, reconoce la grandeza de Dios y aunque ha vivido muchos infortunios sabe que el Dios de la vida le ha de rescatar incluso de las profundidades de la tierra. Palabras que, a la luz de la resurrección de Jesús, cobran un sentido pleno.

22 Por tu fidelidad, Dios mío,
te alabaré con instrumentos de cuerda;
te cantaré, oh Santo de Israel,
salmos con la lira.
23 Gritarán de júbilo mis labios
cuando yo te cante salmos,
pues me has salvado la vida.
24 Todo el día repetirá mi lengua
la historia de tus justas acciones,
pues quienes buscaban mi mal
han quedado confundidos y avergonzados.

El salmista puede mirar con serenidad hacia el futuro, pues sabe que Dios es fiel a sus promesas y le ha de ayudar. Las alabanzas y testimonios de la bondad de Dios han sido y serán la nota dominante hasta el fin de sus días porque le ha salvado la vida.

Así pues, el salmo es un testimonio, dado por un anciano piadoso, de la presencia de Dios en nuestra vida. Sin que falten los muchos infortunios que también son parte de nuestra existencia, y la perversidad y violencia de nuestros acusadores y enemigos, la fidelidad de Dios nos mantiene con esperanza y gratitud para cumplir nuestra misión: dar a conocer a hijos y nietos la gracia y el poder del Señor, nuestra roca de refugio.

Himno para este día: Recomendamos el himno número 308 “Cuando se desvanecen las memorias”, del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Miércoles de Semana Santa:“¡Apresúrate, Señor, a socorrerme!” (Salmo 70)

El salmo, como una petición urgente, resulta apropiado para esta semana de pasión en la que Jesús percibió con claridad el fin que se le acercaba y el odio violento de quienes buscaban su muerte. Es un clamor para que su Padre actúe inmediatamente y lo libere de sus enemigos. 

Salmo 70

Al director musical. Petición de David

Apresúrate, oh Dios, a rescatarme;
¡apresúrate, Señor, a socorrerme!
Que sean avergonzados y confundidos
los que procuran matarme.
Que retrocedan humillados
todos los que desean mi ruina.
Que vuelvan sobre sus pasos, avergonzados,
todos los que se burlan de mí.
Pero que todos los que te buscan
se alegren en ti y se regocijen;
que los que aman tu salvación digan siempre:
¡Sea Dios exaltado!

Encontramos desde el principio un grito urgente de dolor y angustia a Dios ante el peligro de muerte inminente. Los enemigos buscan su muerte y el salmista ruega que sean avergonzados, confundidos y humillados. Que esa acción de Dios redunde en alegría y alabanza de quienes buscan a Dios y aman su salvación.

5 Yo soy pobre y estoy necesitado;
¡ven pronto a mí, oh Dios!
Tú eres mi socorro y mi libertador;
¡no te demores, Señor!

     El argumento de este último versículo apela a la condición vulnerable e indefensa del salmista: pobre y necesitado. El ruego inicial se repite con apremio para que Dios intervenga sin tardanza, por lo que es para su siervo: “Tú eres mi socorro y mi libertador”. 

La experiencia del rescate de Dios a favor de los suyos es la base de la confianza expresada en el salmo. A menudo parece que el Señor se tarda en responder, sobre todo ante momentos de extremo peligro y amenaza de muerte. Jesús también rogó que Dios le librara de la muerte. Nosotros podemos también, en situaciones límite, clamar por la intervención de Dios. Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas, incluso la muerte, les ayudan a bien.

Himno para este día: Recomendamos el himno número 464 “Dios de esperanza,” del himnario Santo, Santo, Santo.Cantos para el pueblo de Dios.

 

Jueves de Semana Santa: “¡Te ruego, Señor, que me salves la vida!” (Salmo 116)

Los salmos de esta semana tienen un tema en común: la amenaza de la muerte. Y pareciera que poco a poco van aumentando en intensidad, como un crescendo que se aproxima a su clímax. El salmo 116 expresa con notable intensidad esa realidad. Nos encontramos en él con una considerable variedad de estados de ánimo que oscilan entre la memoria de la bondad de Dios, el sentirse atrapado por la muerte, sentir la angustia del sepulcro, reconocer la compasión y ternura de Dios, experimentar un agudo sufrimiento.

Salmo 116

Yo amo al Señor
porque él escucha mi voz suplicante.
Por cuanto él inclina a mí su oído,
lo invocaré toda mi vida.
Los lazos de la muerte me enredaron;
me sorprendió la angustia del sepulcro,
y caí en la ansiedad y la aflicción.
Entonces clamé al Señor:
¡Te ruego, Señor, que me salves la vida!

     El ruego es una nota constante en este salmo. Inicia con un “yo” que afirma su amor a Dios (ver v. 16 donde afirma “yo soy tu siervo”). La memoria de lo que el Señor ha hecho por él en el pasado domina y alienta al salmista, ante la amenaza de la muerte.

5 El Señor es compasivo y justo;
nuestro Dios es todo ternura.
El Señor protege a la gente sencilla;
estaba yo muy débil, y él me salvó.
¡Ya puedes, alma mía, estar tranquila,
que el Señor ha sido bueno contigo!
Tú, Señor, me has librado de la muerte,
has enjugado mis lágrimas,
no me has dejado tropezar.
Por eso andaré siempre delante del Señor
en esta tierra de los vivientes.
10 Aunque digo: Me encuentro muy afligido,
sigo creyendo en Dios.
11 En mi desesperación he exclamado:
Todos son unos mentirosos.

           Simultáneo a las subidas y bajadas de ánimo, surgen varias veces diálogos internos en los que el salmista se consuela a sí mismo (v. 7), se reprende de sus propias quejas (v. 10), expresa su desesperación ante los que le rodean (v. 11).

12 ¿Cómo puedo pagarle al Señor
por tanta bondad que me ha mostrado?
13 ¡Tan sólo brindando con la copa de salvación
e invocando el nombre del Señor!
14 ¡Tan sólo cumpliendo mis promesas al Señor
en presencia de todo su pueblo!

           Sin embargo, de manera sorpresiva para nosotros, se pregunta: “¿cómo puedo pagarle al Señor por tanta bondad que me ha mostrado?” (v. 12) para, de inmediato, ofrecer su propia respuesta (vv. 13-14):“¡Tan sólo cumpliendo mis promesas al Señor en presencia de todo su pueblo!”

15 Mucho valor tiene a los ojos del Señor
la muerte de sus fieles.
16 Yo, Señor, soy tu siervo;
soy siervo tuyo, tu hijo fiel;
¡tú has roto mis cadenas!

           Lo notable es que la nota central del salmo es la acción de gracias y el reconocimiento de la bondad de Dios aun en las peores circunstancias, incluso cuando ya olemos el aliento fétido de la muerte. Eso es lo que resulta extraordinario en la experiencia del salmista, en la de Jesús y en la nuestra. El poder y la presencia de Dios con nosotros hacen posible la gratitud y amor a Dios aun estando atados por los lazos de la muerte. Pues aún allí, la muerte ha perdido su poder sobre nosotros: “Mucho valor tiene a los ojos del Señor la muerte de sus fieles” (v. 15).

17 Te ofreceré un sacrificio de gratitud
e invocaré, Señor, tu nombre.
18 Cumpliré mis votos al Señor
en presencia de todo su pueblo,
19 en los atrios de la casa del Señor,
en medio de ti, oh Jerusalén.
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

           Al final del salmo encontramos una nota de gratitud y entrega a Dios. El salmista reafirma su acción de gracias, su compromiso de cumplir sus promesas y adorar a Dios en su templo en presencia de todo su pueblo.  

Esa lucha interna es bien conocida por quienes se han visto en situaciones similares. Sin duda, fue parte de la agonía vivida por Jesús en sus últimos días previos a su muerte. El salmo nos ofrece una ventana para mirar con asombro y dolor cómo se consumía nuestro Señor Jesús en sus días finales.

Himno para este día: Recomendamos el himno número 630 “¿Con qué pagaremos?” del himnario Santo, Santo, Santo.Cantos para el pueblo de Dios.

    

Viernes de Semana Santa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Salmo 22)

           Estamos ante un salmo mesiánico del que muchas de sus líneas clave tuvieron su cumplimiento en el Gólgota. Nos describen la inmensa agonía de Jesús nuestro Señor. Jesús repitió sus palabras iniciales cuando moría en la cruz. Por ello, nos quitamos las sandalias de los pies porque estamos por entrar a un lugar sagrado y tenebroso, donde se dan cita los poderes de la muerte, el poder de la debilidad de Jesús que los venció y el misterio divino de su muerte. 

Salmo 22

Al director musical. Sígase la tonada de «La cierva de la aurora». Salmo de David

Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?
Lejos estás para salvarme,
lejos de mis palabras de lamento.
Dios mío, clamo de día y no me respondes;
clamo de noche y no hallo reposo.

     Diferente a los salmos anteriores, éste expresa la angustia ante el abandono de Dios. Es incomprensible cómo aquel que como nadie vivió día a día la presencia íntima de su Padre, ahora siente con dolor su abandono (Mt 27:46; Mc 15:34).

3 Pero tú eres santo, tú eres rey,
¡tú eres la alabanza de Israel!
En ti confiaron nuestros padres;
confiaron, y tú los libraste;
a ti clamaron, y tú los salvaste;
se apoyaron en ti, y no los defraudaste.

     La memoria de lo que el Señor ha hecho en el pasado por sus padres ofrece un hilo de donde asirse en este momento definitivo.

6 Pero yo, gusano soy y no hombre;
la gente se burla de mí,
el pueblo me desprecia.
Cuantos me ven, se ríen de mí;
lanzan insultos, meneando la cabeza:
Éste confía en el Señor,
¡pues que el Señor lo ponga a salvo!
Ya que en él se deleita,
¡que sea él quien lo libre!

     El escarnio del pueblo acentúa intensamente los sufrimientos y la agonía del Señor (Mt 27:39, 43; Mc 15:29-30; Lc 23:35, 55).

9 Pero tú me sacaste del vientre materno;
me hiciste reposar confiado
en el regazo de mi madre.
10 Fui puesto a tu cuidado
desde antes de nacer;
desde el vientre de mi madre
mi Dios eres tú.
11 No te alejes de mí,
porque la angustia está cerca
y no hay nadie que me ayude.

     Ahora el salmista invoca el hecho de que Dios ha sido parte central de su vida desde el vientre de su madre. Por ello, en medio de su enorme soledad, al mirar cara a cara a la muerte, suplica la presencia de un Dios que se ha alejado.

12 Muchos toros me rodean;
fuertes toros de Basán me cercan.
13 Contra mí abren sus fauces
leones que rugen y desgarran a su presa.

     Ante la “ferocidad bestial” (Schökel) de sus enemigos, que se ensañan en el momento de su muerte, el salmista hace un juicio de su brutalidad y a la vez una acusación ante quien el respeto por la vida es un valor primario. Son asesinos brutales que hacen pedazos a su presa. Más adelante los compara con “perros de presa”(v. 16). Seres humanos que han perdido su humanidad y son como fieras despiadadas. ¡Cuántas personas en la historia humana y hoy día actúan de la misma manera!

14 Como agua he sido derramado;
dislocados están todos mis huesos.
Mi corazón se ha vuelto como cera,
y se derrite en mis entrañas.
15 Se ha secado mi vigor como una teja;
la lengua se me pega al paladar.
¡Me has hundido en el polvo de la muerte!
16 Como perros de presa, me han rodeado;
me ha cercado una banda de malvados;
me han traspasado las manos y los pies.
17 Puedo contar todos mis huesos;
con satisfacción perversa
la gente se detiene a mirarme.
18 Se reparten entre ellos mis vestidos
y sobre mi ropa echan suertes.

     Luego, a manera de apelación que intenta despertar la compasión y respuesta de Dios, el salmista describe su propia agonía poniendo de relieve su estado físico y mental, espiritual. Es como agua que se derrama sin poderla contener; cera que se derrite. También se ha deshidratado al extremo: “la lengua se me pega al paladar”. (Mt 27:48; Mc 15:36; Lc 23:36; Jn 19:28).

     Para darle muerte, han traspasado sus manos y pies ante las burlas hirientes y perversas de la gente que disfruta el espectáculo de ver cómo su vida se va extinguiendo. E incluso se rifan lo poco que tenía, su ropa (Mt 27:35; Mc 15:24; Lc 23:34; Jn 19:18, 37, 23-24).

19 Pero tú, Señor, no te alejes;
fuerza mía, ven pronto en mi auxilio.
20 Libra mi vida de la espada,
mi preciosa vida del poder de esos perros.
21 Rescátame de la boca de los leones;
sálvame de los cuernos de los toros.

     Nuevo ruego urgente a Dios ante la “ferocidad bestial” de sus enemigos. Sobresale ante el peligro, la intimidad de su relación con Dios: “fuerza mía.”

22 Proclamaré tu nombre a mis hermanos;
en medio de la congregación te alabaré.
23 ¡Alaben al Señor los que le temen!
¡Hónrenlo, descendientes de Jacob!
¡Venérenlo, descendientes de Israel!
24 Porque él no desprecia ni tiene en poco
el sufrimiento del pobre;
no esconde de él su rostro,
sino que lo escucha cuando a él clama.

Ante la respuesta favorable que el salmista anticipa, hace la promesa de proclamar frente a la asamblea de los santos el nombre de Dios (Heb 2:12). Les exhorta a honrar y adorar a Dios porque responde la oración y ante el sufrimiento del pobre.

25 Tú inspiras mi alabanza en la gran asamblea;
ante los que te temen cumpliré mis promesas.
26 Comerán los pobres y se saciarán;
alabarán al Señor quienes lo buscan;
¡que su corazón viva para siempre!

     Las acciones de Dios a favor de su pueblo inspiran su adoración y le dan vida.

27 Se acordarán del Señor y se volverán a él
todos los confines de la tierra;
ante él se postrarán
todas las familias de las naciones,
28 porque del Señor es el reino;
él gobierna sobre las naciones.

     La adoración al Dios soberano se extenderá a todas las naciones. Ellas también experimentarán sus bondades y se postrarán ante el Señor.

29 Festejarán y adorarán todos los ricos de la tierra;
ante él se postrarán todos los que bajan al polvo,
los que no pueden conservar su vida.
30 La posteridad le servirá;
del Señor se hablará a las generaciones futuras.
31 A un pueblo que aún no ha nacido
se le dirá que Dios hizo justicia.

     El señorío de Dios sobre todas las naciones será un hecho y se extenderá a la posteridad. El cómo lo indicó Jesús en su comisión final a los discípulos:

Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo(Mt 28:18-20).

     Es la misión de la iglesia, de cada una y uno de nosotros, trabajar cada día para que el reino de justicia de Jesús el Mesías sea una realidad en nuestros barrios, ciudades y naciones. El horizonte del salmista se amplía, a partir de su experiencia agónica, para alcanzar a todo su pueblo y a todas las naciones, en todos los tiempos, hasta el fin del mundo.           

Himno para este día: Recomendamos el himno número 168 “Oh rostro ensangrentado,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Domingo de Resurrección: “No dejarás que mi vida termine en el sepulcro” (Salmo 16)

Este salmo es una de las más bellas expresiones de la intimidad con Dios y la plena confianza que la presencia de Dios produce en el salmista. Dios es refugio, es la porción del creyente y maestro sabio en la senda de la vida. Ante esa realidad, el salmista encuentra en Dios el sumo bien de su vida; los dioses de este mundo y las posesiones materiales pierden relevancia y valor por la certeza de haber adquirido la perla de gran precio.     

Salmo 16

Mictam de David

Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.

           Inicia el salmo con un ruego por el cuidado meticuloso de Dios. El salmista acude a Dios como un refugio ante los peligros de la vida. Esa es la razón de su petición.

2 Yo le he dicho al Señor: Mi Señor eres tú.
Fuera de ti, no poseo bien alguno.
En cuanto a los santos que están en la tierra,
son los gloriosos en quienes está toda mi delicia.

     El salmista nos cuenta su declaración a Dios. No necesita ni desea nada fuera de la presencia de su Señor. Se dice fácil pero, en realidad, poder decirle eso a Dios es posible cuando se ha logrado tal intimidad y experiencia de la presencia de Dios que todo lo demás se desvanece. Estamos, entonces, ante una profunda experiencia de comunión con el Señor.   

4 Aumentarán los dolores
de los que corren tras dioses extraños.
¡Jamás derramaré sus sangrientas libaciones,
ni con mis labios pronunciaré sus nombres!

     Esa intimidad ilumina la mente y permite entender que lejos de Dios sólo se encuentran innumerables dolores. Por ello, el que ora se mantiene lejos de adorar a los dioses de este mundo y ni siquiera pronunciará sus nombres.

5 Tú, Señor, eres mi porción y mi copa;
eres tú quien ha afirmado mi suerte.
Bellos lugares me han tocado en suerte;
¡preciosa herencia me ha correspondido!

           Cuando Josué repartió la tierra entre los israelitas, Dios le había indicado a Josué que la tribu de Leví no recibiría una porción “porque el Señor es su heredad” (Nm 18:20; Dt 10:9 y 18:1). El salmista celebra ese hecho porque el Señor mismo es su heredad y porción y no puede haber nada mejor. Lo dice con los términos más elogiosos: “Bellos lugares me han tocado en suerte; ¡preciosa herencia me ha correspondido!”.

7 Bendeciré al Señor, que me aconseja;
aun de noche me reprende mi conciencia.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer. 

     Ahora el salmista reconoce que la presencia de Dios en su vida significa la guía sabia y continua del Señor que le aconseja, reprende y guía en su diario vivir. Es una presencia constante que le dirige con pericia en el camino. Él sabe que nada lo hará caer. Nos hace pensar en la pedagoga de la vida, la Torá (Gl 3:24) que es guía para el buen vivir; también lo vemos con claridad en la tarea constante de Jesús con sus discípulos: fue su maestro y modelo de vida.

     La intimidad con Dios no termina en la contemplación; nos lleva al ajetreo y problemas de la vida cotidiana y allí nos enseña a vivirla plenamente. “Dios anda también entre los pucheros” (Santa Teresa de Jesús). Podemos tener experiencias espirituales profundas en las tareas y momentos aparentemente insignificantes y cotidianos, como al cocinar.   

9 Por eso mi corazón se alegra,
y se regocijan mis entrañas;
todo mi ser se llena de confianza.
10 No dejarás que mi vida termine en el sepulcro;
no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel.
11 Me has dado a conocer la senda de la vida;
me llenarás de alegría en tu presencia,
y de dicha eterna a tu derecha.

La vida llena de confianza se extiende aun ante la muerte. Y esa era la convicción de Jesús ante la inevitable realidad de la muerte. Sabía que la palabra final la tiene el Dios de la vida y por ello anticipaba su resurrección. Por ello, Pedro (Hch 2:24) y Pablo (Hch 13:34) citan este salmo para testificar el hecho central de la fe cristiana: La vida ha derrotado a la muerte.

La vida llena de confianza se extiende aun ante la muerte. Y esa era la convicción de Jesús ante la inevitable realidad de la muerte.

La resurrección de Jesús es la razón de la confianza de cristianas y cristianos y su razón de ser y hacer en este mundo (1 Co 15:13-20). En este día celebramos la victoria de Jesús sobre los poderes de la muerte. Y a la luz de esa realidad fundamental para nuestra vida, podemos mirar incluso a la muerte en la cara y decirle: “¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?” (1 Co 15:55).

Himno para este día: Recomendamos el himno número 439 “Mil voces para celebrar,” del himnario Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.