En la Primera Iglesia Presbiteriana de Aguada, ubicada en Aguada, Puerto Rico, el sonido de la fe ha adquirido un nuevo ritmo. Entre acordes de bomba, plena y seis, una comunidad ha descubierto cómo la música autóctona puede convertirse en vehículo para la adoración y el fortalecimiento espiritual. El proyecto, titulado “Alrededor de la Palabra”, surgió como una iniciativa que unió a pastores, músicos y laicos en un proceso creativo que celebra la identidad cultural y la vida de fe del pueblo boricua.
“La iglesia tiene recursos y talentos que el Señor nos ha dado para poder componer música”, explicó la Revda. Marielis Barreto, pastora de la congregación. “Alrededor del calendario litúrgico, algunos hermanos que componen y otros que pueden trabajar la música hicieron una canción para cada época del año litúrgico. Así aportamos a la adoración de nuestras congregaciones con algo propio, nacido aquí”.
Un proceso de creación con propósito
El proyecto tomó forma a lo largo de un año de trabajo intenso, desde las primeras ideas hasta la creación de un manual y grabaciones. La reverenda Barreto relató que el proceso implicó múltiples etapas: discernimiento, composición, formación teológica y producción musical. “Fue un proceso largo, pero profundamente bendecido. Empezamos con algo pequeño, y cada paso trajo nuevas ideas y colaboraciones. Cuando vimos el producto final, entendimos que había sido un esfuerzo del Espíritu”, afirmó.
Uno de los principales retos, según los participantes, fue el manejo del tiempo. “Queríamos un proyecto de calidad, digno de la comunidad de fe y de nuestra región”, comentó Juan Carlos Mejías Muñiz, laico y músico coordinador del proyecto. “Al ser un trabajo totalmente original, requería inspiración, composición, y luego todo el proceso musical: ponerle melodía, partitura y sentido litúrgico a cada letra”.
Una adoración con sabor a la tierra puertorriqueña
La propuesta no se limitó a traducir melodías religiosas al contexto local. Buscó, más bien, integrar la esencia musical de Puerto Rico en la liturgia cristiana. “El proyecto incluye ritmos como la plena, la bomba, el seis, el aguinaldo y lo criollo”, explicó Jorge Muñiz Monte de Oca, músico profesional y colaborador del grupo. “Queríamos que la música reflejara nuestra identidad, que los textos fueran profundamente cristianos, pero que la melodía nos hiciera sentir puertorriqueños. Es una manera de decir que Dios también se revela en nuestra cultura”.
Esa fusión ha abierto nuevas conversaciones dentro de la comunidad sobre el valor de la identidad cultural en la adoración. Aunque reconocen que los jóvenes no siempre se sienten
atraídos por la música tradicional, Mejías Muñiz asegura que el proyecto ha servido para tender puentes. “Es un reto, porque lo que escuchan en la radio o en el teléfono es otra cosa. Pero poco a poco se van identificando con lo nuestro. Hay muchos jóvenes que están redescubriendo la música típica puertorriqueña, y eso nos ayuda a conectar la fe con sus raíces”.
El músico añade que este resurgir coincide con un momento cultural significativo en el país. “Vivimos un renacer de nuestra identidad gracias a artistas seculares que han puesto el nombre de Puerto Rico en alto. Nos montamos en esa ola de puertorriqueñidad, pero con un propósito distinto: que la palabra de Dios también llegue a través de esa música que vuelve a estar de moda”.
Del canto al testimonio: teología en clave de identidad
La reverenda Barreto considera que uno de los mayores logros del proyecto ha sido educar a la comunidad sobre la relación entre teología, arte y adoración. “Nos propusimos integrar la identidad puertorriqueña en la adoración”, explicó. “Más allá de usar música creada por otros países, queríamos producir algo nuestro, con gente local, para nuestras congregaciones. Nos educamos sobre lo que significa la liturgia, la proclamación, y preparamos materiales de apoyo que pueden servir a otras iglesias”.
El manual desarrollado por la congregación contiene explicaciones breves de cada época del año litúrgico, acompañadas de las letras y partituras de canciones originales compuestas por los miembros de la iglesia. “Incluye unas quince composiciones”, detalló Barreto. “Cada una cuenta con su fundamento bíblico y teológico. Además, agregamos cantos para ocasiones especiales como cumpleaños, presentaciones de niños, ofrendas o celebraciones pastorales. Es un recurso completo y accesible para cualquier comunidad que quiera enriquecer su adoración”.
Las canciones, todas inéditas, fueron creadas por miembros de la congregación. “Una de las riquezas del proyecto es que está compuesto desde nuestra experiencia cristiana”, señaló Mejías Muñiz. “Es nuestra vida de fe escrita y cantada por nosotros mismos”.
Tecnología y comunidad: la fe en formato digital
En paralelo, la iglesia decidió aventurarse en el ámbito digital con la creación de un podcast, una herramienta pensada para difundir los frutos del proyecto y fortalecer el alcance de su ministerio. “Ya teníamos la idea de desarrollar un podcast como parte de un programa mayor llamado Canta, un centro de apoyo neotecnológico”, explicó Barreto. “Con esta iniciativa logramos grabar el primer episodio, presentando el proyecto y compartiendo información de personas dentro y fuera de la iglesia que colaboran en la comunidad. A largo plazo, queremos ofrecer talleres, pequeñas producciones y apoyar a iglesias con menos recursos para que también integren la tecnología en su vida de fe”.
El material completo se encuentra disponible en formato físico y digital. “La ventaja de tenerlo digital es que podemos actualizarlo constantemente y seguir compartiéndolo con más congregaciones”, añadió la pastora.
Una experiencia de fe compartida
Para los integrantes del equipo, el proyecto ha sido una oportunidad para reafirmar su vocación al servicio y el poder transformador de la música. “Estas canciones incluyen desde poemas hasta himnos breves, con profundidad teológica y ritmo puertorriqueño”, explicó Barreto. “Queríamos crear algo que sirviera tanto para grandes templos como para congregaciones pequeñas. Lo que para nosotros es natural —un hermano escribe, otro pone la música, y se canta en el culto— puede ser una bendición inmensa para otras comunidades”.
El grupo reconoce que todavía hay trabajo por hacer: registrar derechos de autor, continuar el desarrollo del podcast y seguir digitalizando materiales. Pero el entusiasmo es evidente. “Ha sido un reto, sí, pero un proyecto de mucha bendición”, expresó Barreto con una sonrisa. “Hemos descubierto que la adoración también puede tener acento puertorriqueño. Y eso, más que un logro, es un acto de gratitud al Dios que nos hizo pueblo y nos dio una voz para cantar”.