Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Psalm 85 © 2003 John August Swanson Trust

Published on
February 2, 2026

Esta serie de sermones presentan una reflexión sobre la Cuaresma en el calendario litúrgico cristiano, destacando este tiempo como una oportunidad para el autoexamen, la reflexión y el retorno a Dios. Se enfatiza la importancia de reconocer nuestras faltas para crecer espiritualmente y se han seleccionado seis salmos que nos ofrecen una guía durante este periodo, con especial atención al salmo 51 para el Miércoles de Ceniza.

Este tiempo de Cuaresma es un tiempo para reconocer nuestras faltas y cuán lejos estamos de vivir ante Dios como corresponde a quienes nos llamamos hijas e hijos de Dios. Este ejercicio es necesario para cultivar una sana espiritualidad, para crecer y madurar como personas comprometidas con Jesús y su reino de justicia.

En la tradición cristiana se han reconocido siete salmos penitenciales que nos ayudan a mirarnos en el espejo de la Palabra y enmendar nuestra vida. Son los salmos 6, 32, 38, 51, 102, 130 y 143. Lutero escribió un comentario sobre estos salmos titulado “Los siete salmos penitenciales”. En el calendario litúrgico hay seis días asignados para la Cuaresma, empezando con el Miércoles de Ceniza y los cinco domingos siguientes. Hemos seleccionado salmos que se leen durante cada domingo de la Cuaresma.

 

Miércoles de Ceniza:  Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor. (Salmo 51)

Salmo 51

Al director musical. Salmo de David. Cuando el profeta Natán fue a verlo por haber cometido David adulterio con Betsabé

1Ten compasión de mí, oh Dios,
conforme a tu gran amor;
conforme a tu inmensa bondad,
borra mis transgresiones.
2Lávame de toda mi maldad
y límpiame de mi pecado.

     El salmo inicia anunciando los dos grandes temas que se han de ampliar en el resto del salmo: nuestro pecado y la enorme gracia de Dios. Cuatro ruegos urgentes manifiestan la intensa necesidad del salmista de que Dios intervenga a su favor: “Ten compasión”,  “borra”, “lávame” y “límpiame”. Estas acciones solicitadas a Dios se apoyan en el hecho de que Dios es compasivotiene un gran amor e inmensa bondad.

Reconocimiento y confesión de pecado (vv. 3-9)

3 Yo reconozco mis transgresiones; 
siempre tengo presente mi pecado.
Contra ti he pecado, sólo contra ti,
y he hecho lo que es malo ante tus ojos;
por eso, tu sentencia es justa,
y tu juicio, irreprochable.

     Reconocer las transgresiones y tener presente siempre el pecado no es cosa fácil cuando lo más regular es esconder y justificar nuestras malas acciones. Una clara conciencia y confesión a Dios del mal que hacemos es el punto de partida para lograr el perdón y la reconciliación con Dios.

     El siguiente paso es saber que nuestras transgresiones son ofensas contra Dios. No solo pecamos contra el prójimo, como en el caso de David al violar a Betsabé y asesinar a Urías. David sabe que sus perversas acciones han ofendido a Dios y han roto su ley. Son acciones que hacemos en la presencia de Dios, ante sus ojosPor ello, sus juicios y castigos son justos.

5 Yo sé que soy malo de nacimiento;
pecador me concibió mi madre.
Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo;
en lo secreto me has enseñado sabiduría.

     Los pecados, en plural, son síntomas de una enfermedad más profunda; la raíz de donde brotan nuestras transgresiones es el pecado, en singular. El pecado humano es un mal que tiene que ver con nuestra condición humana y no solo con nuestras acciones. Tal como Jesús lo enseñó: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias” (Mt 15:19). David reconoce que de raíz y desde su origen ya nació con una naturaleza pecaminosa. Agustín lo resumió así: “No soy pecador porque peco, peco porque soy pecador”.

     También reconoce el salmista que a Dios se le debe hablar con la verdad. En eso consiste la sabiduría: honestidad ante Dios desde lo más profundo de nuestro ser.

7 Purifícame con hisopo, y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Anúnciame gozo y alegría;
infunde gozo en estos huesos que has quebrantado.
Aparta tu rostro de mis pecados
y borra toda mi maldad.

     Con seis ruegos urgentes, el salmista suplica que Dios le limpie y perdone su maldad. Usando el lenguaje de los ritos de purificación, pide que Dios le limpie. Este proceso de limpieza tiene que ver con todo el ser, cuerpo y alma. Su cuerpo ha sufrido a causa de sus pecados: “estos huesos que has quebrantado” necesitan restauración.

10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
11 No me alejes de tu presencia
ni me quites tu santo Espíritu.
12 Devuélveme la alegría de tu salvación;
que un espíritu obediente me sostenga.
13 Así enseñaré a los transgresores tus caminos,
y los pecadores se volverán a ti.

     El paso siguiente después de la confesión es la restauración. El salmista pide a Dios una nueva creación: “Crea en mí”.No basta una solución temporal; es necesario un nuevo inicio, profundo y desde la raíz: del corazón.

Que su Espíritu le capacite a ser obediente y tenga alegría de nuevo. Entonces usará su propia experiencia de renovación para convertir a otros.

14 Dios mío, Dios de mi salvación,
líbrame de derramar sangre,
y mi lengua alabará tu justicia.
15 Abre, Señor, mis labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

     David fue un hombre sanguinario y cruel. Ruega a Dios que lo libre de ese camino destructivo y que pueda así celebrar a Dios por medio del canto y la alabanza.

16 Tú no te deleitas en los sacrificios
ni te complacen los holocaustos;
de lo contrario, te los ofrecería.
17 El sacrificio que te agrada
es un espíritu quebrantado;
tú, oh Dios, no desprecias
al corazón quebrantado y arrepentido.

El salmista llega a una comprensión plena de la piedad y sabe que los sacrificios y holocaustos son solo una expresión externa de la realidad interna del creyente. Sabe que su propio quebrantamiento y arrepentimiento son lo que Dios mira y busca. Y es lo que le ofrece a Dios. 

Recomendamos el Himno número 520 de Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Primer domingo de Cuaresma: Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados (Salmo 32)

Salmo 32

Salmo de David. Masquil.

Dichoso aquel
a quien se le perdonan sus transgresiones,
a quien se le borran sus pecados.
Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad
y en cuyo espíritu no hay engaño.

     Dos declaraciones de suprema felicidad marcan el inicio de este salmo con la palabra dichosoEs el gozo de que nuestros pecados y transgresiones han sido perdonados por Dios. Este tono de celebración permea todo el salmo; el último versículo es una exultación desbordada de alegría. Y, sin duda, recibir el perdón de Dios es lo mejor para nosotros.

3 Mientras guardé silencio,
mis huesos se fueron consumiendo
por mi gemir de todo el día.
Mi fuerza se fue debilitando
como al calor del verano,
porque día y noche
tu mano pesaba sobre mí. Selah.

El salmista nos narra la manera en que llegó a la experiencia del perdón. Primero guardaba silencio como si no hubiera ofendido a Dios. En consecuencia, su vigor físico, mental y espiritual se fue agotando. Gemía sabiendo que Dios le estaba afligiendo: “tu mano pesaba sobre mí”.

5 Pero te confesé mi pecado,
y no te oculté mi maldad.
Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor»,
y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Selah.

David cae en la cuenta de que ocultar su pecado del Señor no solo es imposible, sino que le ha hecho daño. Entonces se convence a sí mismo de que el mejor camino es confesar sus pecados. El resultado: Dios lo perdonó.

6 Por eso los fieles te invocan
en momentos de angustia;
caudalosas aguas podrán desbordarse,
pero a ellos no los alcanzarán.
Tú eres mi refugio;
tú me protegerás del peligro
y me rodearás con cánticos de liberación. Selah.

Esa experiencia de David es la de todo el pueblo de Dios, los fieles. Es la razón por la que ellas y ellos lo invocan en momentos de angustiaAdemás, en los peligros extremos saben que, bajo la protección de Dios, no los alcanzarán.

           David confiesa lo que Dios es para él: un refugio y protección ante el peligro. Dios, además, lo rodea con cánticos de liberaciónLa angustia se convierte en canto.

8 El Señor dice:
«Yo te instruiré,
yo te mostraré el camino que debes seguir;
yo te daré consejos y velaré por ti.
No seas como el mulo o el caballo,
que no tienen discernimiento,
y cuyo brío hay que domar con brida y freno,
para acercarlos a ti».

     Ahora Yahvé habla para darle una lección a su siervo: Dios promete su guía pero también llama a su siervo a que use su mente, su discernimiento. No es un mulo que tiene que ser guiado con brida y freno; es una persona que debe pensar y discernir la voluntad de Dios. Yahvé nos guía y muestra el mejor camino, y espera que nosotras y nosotros usemos nuestro entendimiento para hallar el camino. Creer es también pensar.

10 Muchas son las calamidades de los malvados,
pero el gran amor del Señor
envuelve a los que en él confían.
11 ¡Alégrense, ustedes los justos;
regocíjense en el Señor!
¡canten todos ustedes,
los rectos de corazón!

     El contraste es total: los malvados sufren en abundancia, pero los que confían en el Señor viven bajo su amor y protección. Por ello, la alegría y el canto son la mejor respuesta ante el Señor.

Recomendamos el Himno número 527 de Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios”.

 

Segundo domingo de Cuaresma: El Señor es quien te cuida (Salmo 121)

Este es el segundo canto de los peregrinos que subían a Jerusalén a celebrar las fiestas. El camino siempre tenía peligros de bestias y de ladrones. El peregrinaje era una metáfora de la vida y del andar de sus caminos. Por ello, en esta temporada de Cuaresma, de vía crucisel salmo nos recuerda que vivimos bajo la protección y el cuidado de Dios.

El salmo tiene un tono litúrgico. Primero habla el peregrino en primera persona (vv. 1-2) y el ministro le responde recordándole el cuidado comprensivo de Dios en el camino de la vida (vv. 3-7). Se puede hacer una lectura alternada siguiendo el ritmo del salmo.

 

El salmista

1 A las montañas levanto mis ojos;
¿de dónde ha de venir mi ayuda?
Mi ayuda proviene del Señor,
creador del cielo y de la tierra.

     Al inicio de la peregrinación y ante los muchos peligros que el viaje de la vida presenta, el orante mira hacia las montañas en busca de ayuda y protección. ¿De dónde vendrá su ayuda?

     El salmista se recuerda a sí mismo que Yahvé, el creador de los cielos y la tierra, es quien le da su ayuda. Aquí hay una lección práctica del reconocimiento de Dios como creador. El supremo Señor del universo es nuestro protector. Ya desde el principio declara su confianza en el creador de todas las cosas.

El ministro

3 No permitirá que tu pie resbale;
jamás duerme el que te cuida.
Jamás duerme ni se adormece
el que cuida de Israel.

     Al inicio del viaje, durante la noche, cuando es fácil tropezar o quedarse dormido, el ministro se dirige a la persona temerosa y le afirma el cuidado del guardián de Israel. Guarda cada uno de sus pasos y jamás se duerme su cuidador.

5 El Señor es quien te cuida,
el Señor es tu sombra protectora.
De día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

Como en el éxodo de Egipto, el Señor los cuida todo el tiempo, de día y de noche. Al mencionar esas polaridades, día y noche, el texto abarca toda la vida: el trabajo y el descanso, el sueño y las actividades diarias. La imagen también hace eco del éxodo cuando Dios les guardaba en el desierto. De día para proteger del sol y de noche alumbrando el camino y dando calor (Ex 13:21-22). Es la sombra protectora (Is 25:4) constante contra toda amenaza.

7 El Señor te protegerá;
de todo mal protegerá tu vida.
El Señor te cuidará en el hogar y en el camino,
desde ahora y para siempre.

     Cierra el salmo con una afirmación que cubre todos los peligros: “de todo mal protegerá tu vida”Y, nuevamente, abarca todas las circunstancias de la vida, en el hogar y en el camino, y todo el tiempo: “desde ahora y para siempre”.

Así, la lectura del salmo 121, en el contexto del calendario litúrgico, nos provee un tono de confianza necesaria para el camino de la vida. Yahvé nos asegura que tendrá cuidado de nosotros, todo el tiempo y en todas las circunstancias y peligros de la vida. 

Recomendamos el Himno número 38 de Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Tercer domingo de Cuaresma: Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos (Salmo 19)

El salmo 19 celebra la realidad de que la creación día a día proclama la gloria de Dios, su poder y generosidad. La Palabra es también el medio por el cual Dios nos instruye para que vivamos plenamente la vida. Dios, por medio de su Espíritu, transforma nuestra vida para que vivamos una vida plena agradable a Él. 

1 Los cielos cuentan la gloria de Dios,
el firmamento proclama la obra de sus manos.
Un día transmite al otro la noticia,
una noche a la otra comparte su saber.
Sin palabras, sin lenguaje,
sin una voz perceptible,
por toda la tierra resuena su eco,
¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo!

Como predicadores elocuentes, los cielos cuentan que son obra de Dios y proclaman su gloria, grandeza , majestad y generosidad. Necesitamos desarrollar nuestra sensibilidad para escuchar su mensaje.

Es, además, un mensaje continuo, ininterrumpido. Tanto el día como la noche, de manera permanente, van perpetuando su mensaje que predica la grandeza de su creador. El orden y la belleza de los cielos hacen evidente el genio artístico de su creador. Proclaman su sabiduría y poder. Anuncian que son obra de Dios, el creador (Rom 1:20).

Como las muchas obras maestras de los grandes artistas, sin necesidad de emitir un mensaje hablado, quienes observan sus obras pueden constatar el genio artístico de sus creadores y alabarlos por ello. De la misma manera, los cielos son testigos mudos pero elocuentes de la grandeza de su creador. De hecho, su mensaje se extiende por toda la creación.

Dios ha plantado en los cielos
un pabellón para el sol.
Y éste, como novio que sale de la cámara nupcial,
se apresta, cual atleta, a recorrer el camino.
Sale de un extremo de los cielos
y, en su recorrido, llega al otro extremo,
sin que nada se libre de su calor.

Poéticamente, el salmista describe el recorrido diario del sol, de oriente a occidente, con dos imágenes: la del novio que sale de su alcoba con gran alegría y la del guerrero heroico que sale veloz a recorrer su camino. Así, el sol sale cada mañana de su habitación, feliz y raudo, a cumplir su función en todo el mundo.

El sol es evidencia de la bondad y generosidad de Dios. Jesús dice que “el Padre hace salir su sol sobre buenos y malos” (Mt 5:45) sin distinciones y sin discriminación para que así lo imitemos y hagamos bien a todas y todos.

Este lenguaje universal se escucha diariamente, por toda la creación, para que los seres humanos conozcamos la infinita bondad y grandeza que la gran obra artística de Dios nos da a conocer.

7 La ley del Señor es perfecta:
infunde nuevo aliento.
El mandato del Señor es digno de confianza:
da sabiduría al sencillo.
Los preceptos del Señor son rectos:
traen alegría al corazón.
El mandamiento del Señor es claro:
da luz a los ojos.
El temor del Señor es puro:
permanece para siempre.
Las sentencias del Señor son verdaderas:
todas ellas son justas.

A continuación, bajo la misma nota de la bondad y generosidad del Dios de la vida, el salmo nos presenta la Palabra escrita de Dios en su Torá o Ley-instrucción. Por medio de seis sinónimos enumera los efectos benéficos de la Palabra de Dios: nos da vida, sabiduría, alegría, nueva visión, justicia permanente. Todo lo necesario para que la vida en todos sus ámbitos sea plena y significativa, digna y decorosa, nos lo provee la Palabra de vida.

Esa Palabra es descrita como perfecta, digna de confianza, recta, clara, pura y verdaderaNo es una Palabra que coarta la existencia, sino que la ennoblece y la lleva a su plenitud y madurez.

10  Son más deseables que el oro,
más que mucho oro refinado;
son más dulces que la miel,
la miel que destila del panal.

No nos sorprende entonces que esa Ley-instrucción sea tan altamente apreciada. Porque la Palabra nos da tanto para la vida, el salmista la considera muchísimo más valiosa que el oro de la más alta calidad.

Es más deleitosa que la mejor de las mieles que existen. Ambas metáforas, al referirse al oro y a la miel, nos comunican el hecho de que no hay nada que nos provea una vida plena y deleitosa como la Palabra que Dios nos ha dado a conocer.

Por ello, el salmista, como persona que ya conoce el valor y deleite que la Palabra de Dios ofrece, de inmediato habla de lo que la Palabra de Dios hace para que seamos las personas que Dios desea, para que recuperemos nuestra humanidad como seres creados a la imagen de Dios.

11  Por ellas queda advertido tu siervo;
quien las obedece recibe una gran recompensa.
12 ¿Quién está consciente de sus propios errores?
¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!
13 Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas;
no permitas que tales pecados me dominen.
Así estaré libre de culpa
y de multiplicar mis pecados.

La palabra de Dios, como guía para la vida dichosa nos advierte de los peligros del camino. Hacerle caso, nos ahorra grandes sufrimientos y nos conduce a la dicha plena, esa es la recompensa.

También la Palabra nos ayuda a vernos en el espejo y nos redarguye de nuestros errores y pecados, de nuestros propios erroresaún de aquellos que no podemos percibir ni estar conscientes de ellos. Mejor psicoanalista no puede haber.

Y,  por ello, el salmista ruega con vehemencia y angustia a Dios que lo libre “de pecar a sabiendas; no permitas que tales pecados me dominen”. La Reina-Valera 1960 traduce: “Preserva también a tu siervo de las soberbias, que no se enseñoreen de mí”.

Es la soberbia la que nos lleva a “pecar a sabiendas.” Y es una realidad que nos domina y esclaviza a los muchos vicios que plagan la existencia humana.

Como sierva o siervo de Dios, como un esclavo y de manera humilde, ahora el salmista ruega la asistencia y poder de Dios para que le libre de ese poder extraordinario enquistado en nuestro ser y que nos esclaviza. Y así lo sabía el salmista que pide la asistencia y poder de Dios: solo así “estaré libre de culpa y de multiplicar mis pecados”.

Después de rogar por su propia liberación, el salmista cierra su reflexión con un ruego que resume la cúspide de la vida que ha escuchado atento el mensaje de la creación y de la Palabra:

Sean, pues, aceptables ante ti
mis palabras y mis pensamientos,
oh Señor, roca mía y redentor mío.

De manera simple, el salmista plantea su ruego final. Pide que ante Dios sean agradables sus palabras y los pensamientos de su corazón. Pero ello implica una profunda purificación de nuestro ser interno, del corazón donde brota la vida. Ese lugar profundo es el que Jesús diagnosticó como la fuente de la maldad humana (Mc 7:20-23). Allí es donde Dios obra para restaurarnos.

Termina el salmista llamando a Dios su roca y su redentor (goel). Dios provee la firmeza y seguridad ante los embates de la vida y es el que nos redime porque nos representa. Es el familiar que se asegura de que nuestra vida esté completa y de que nuestros derechos se respeten.

Recomendamos el Himno número 558 de Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Cuarto domingo de Cuaresma: El Señor es mi pastor, nada me falta (Salmo 23)

Este salmo es bien conocido por el pueblo de Dios y ha sido fuente de fortaleza y confianza en las diversas crisis de la vida. Meditar en él nos ayudará, como peregrinos, a recordar realidades básicas para el diario vivir.

El salmo se divide en dos partes principales, alrededor de dos metáforas centrales:

  1. El pastor y las ovejas (vv. 1-4)
  2. El anfitrión y el huésped (vv. 5-6) 

En la primera mitad del salmo encontramos cuatro verbos que hablan de Dios en tercera persona: “Me hará descansar…”, “me pastoreará…”, “confortará…”, “me guiará…”

En la segunda parte del salmo también se usan cuatro verbos pero ahora en segunda persona, es decir, el salmista no habla de Dios, más bien le habla a Dios:

porque tú estarás conmigo…”, “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento…”,aderezas mesa…”, “unges mi cabeza…”

Es de suma importancia notar la transición y cambio de la tercera persona a la segunda en el v.4b: De él  a tú: “tú estarás conmigo”Ese es el eje y corazón del salmo: la presencia fiel y constante de Jehová ante las crisis de la vida. A medida que se desarrolla la primera escena, el tono se mueve de la declaración confiada en lo que Dios es a la apelación personal, inmediata e íntima a Dios.

 

El pastor y las ovejas: Alimento, dirección y protección (vv. 1-4)

1El Señor es mi pastor, nada me falta;

El salmo inicia con una afirmación inicial de plena confianza en la provisión divina de todo lo que es indispensable para la vida: “Jehová es mi pastor; nada me falta”.

Sin duda, esta confesión de confianza plena surge de la experiencia en el camino de la fe. Lo que Jehová es y ha hecho por nosotros es base de profunda seguridad en la vida. El énfasis en la relación personal e inmediata es contundente: Jehová es mi pastor.

La imagen del pastor, usada por alguien que había sido pastor evoca los cuidados vitales de Dios y, a la vez, devela nuestra honda necesidad y vulnerabilidad en la vida como ovejas. Veamos:

2 en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
por amor a su nombre.
Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta.

Tres acciones vitales de Dios que condensan la acción divina y la profunda necesidad humana. Aquí el salmista confiesa no solo la total seguridad en la provisión de Dios, sino también nuestra completa incapacidad de mantenernos vivos por nuestras propias fuerzas o recursos. Hay animales que no necesitan de los humanos para proveerse de alimentos, de dirección en el camino o de protección ante sus enemigos y peligros. Las ovejas no tienen tales recursos o capacidades y dependen para su existencia del cuidado de las personas.

En la vida de fe, nos dice el salmo, somos ovejas vulnerables que, en las realidades básicas de esa vida, necesitamos del cuidado constante de un buen pastor.

  1. Alimento: El Señor nos provee el alimento para sustentar la vida. Pero, además, nos lleva a los mejores lugares y a los más seguros para comer y recobrar las fuerzas. Está implícito que no sabemos encontrarlos: “verdes pastos” y “tranquilas aguas”.
  2. Dirección: Las ovejas carecen de un sentido de dirección. Se pierden fácilmente. Por ello requieren de la guía en el camino de un pastor. Sin ella nos extraviamos. Jehová nos lleva por el camino estrecho, por el buen camino:  “Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre”. Sí, lo hace para honrar su promesa y lo que Dios es para nosotros. Así mantiene su honra.
  3. Protección:  Los peligros y enemigos en el camino son muchos y mortales. Y no        sabemos ni podemos protegernos. A menudo nos encontramos en medio de peligros de muerte. Por ello es consolador saber que “tú estás a mi lado”.

Así, en esta primera parte del salmo, ante nuestra vulnerabilidad y debilidad para resolver las necesidades y peligros de la vida de fe, el salmo nos recuerda y hace posible confesar nuestra completa confianza en la provisión, dirección y protección de Jehová, nuestro pastor.   

El anfitrión y el huésped: Hospitalidad, asilo y protección plena (vv. 5-6)

5 Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.

Ahora pasamos a la imagen del refugio y hospitalidad que Dios nos da cuando, huyendo por nuestra vida, nos asilamos bajo la protección de Dios y encontramos en Jehová la plena seguridad y protección que tanto necesitamos.

La legislación de Moisés hacía provisión para casos en los que una persona que había cometido un asesinato involuntario, sin premeditación, podía huir a una de las seis ciudades de refugio para salvar así su vida de la venganza de los familiares de la víctima (Deut 4:41–3; Deut 19:1–13; Jos 20:2; Jos  20:7–9; 1 Cr 6:57–60; 1 Cr 6:67; Num 35:6; Num 35:11–15). Además, la hospitalidad oriental era tan amplia que cuando una persona entraba a la casa de un jefe de tribu, estaba automáticamente bajo su protección.   

Dos acciones vitales de Dios resumen la hospitalidad divina y la necesidad humana:

  1. Alimento: El Señor extiende su hospitalidad y nos provee el sustento en medio de las     crisis y peligros de la vida, a menudo bien merecidos:

Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.

  1. Protección: Al salir de la casa del señor de la casa, el huésped recibe la protección y cuidado del señor de la casa por medio de dos escoltas: el bien y la misericordiaLos cuidados de Dios se personifican como una escolta que nos ha de  proteger y acompañar en el camino hasta que lleguemos a salvo a nuestro destino final.

Ciertamente la bondad y el amor me seguirán
todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
habitaré para siempre.

“Ciertamente…”, la certeza acompaña al salmista y con ella cierra el salmo como lo inició, con plena confianza.

El Bien es la bendición de Dios en todas las áreas de la vida. Es su bondad hacia nosotros.

La Misericordia es lo que hace posible que, a pesar de nosotros mismos, Dios nos bendiga.

El acompañamiento de esta escolta estará presente y será constante hasta que el huésped llegue a su destino final: la casa del Señor. En toda nuestra vida, tendremos siempre la compañía y cuidado del Señor.

Recomendamos el Himno número 338 de Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.

 

Quinto domingo de Cuaresma: Desde las profundidades del abismo, a ti, Señor, elevo mi clamor (Salmo 130)

1 A ti, Señor, elevo mi clamor
desde las profundidades del abismo.
Escucha, Señor, mi voz.
Estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.

Hay experiencias de inexplicable dolor en las que se siente que hemos llegado al fondo del abismo y que no es posible que exista un dolor mayor. El orante ha tocado el fondo. El salmista se encuentra en ese lugar, en esa situación extrema, y desde allí levanta un grito de angustia. Quizás ya veía el rostro de la muerte en medio de una enfermedad o se encontraba ante un peligro de muerte inevitable. Quizás se encontraba sufriendo una larga, larguísima agonía que ya era intolerable. Y, en esas circunstancias, eleva un fuerte grito que es la voz de su agudo sufrimiento. “Es el grito miserable de un don nadie desde el quinto infierno” (Brueggemann).

     El grito o clamor apela al único que puede hacer algo, al Señor que es conocido como aquel que se conmueve ante el dolor humano, ante las situaciones extremas de necesidad humana (Ex 2:23-25; Is  57:15) y actúa para dar alivio. Es como una última apelación a quien puede

responder favorablemente: “Estén atentos tus oídos a mi voz suplicante”. 

3 Si tú, Señor, tomaras en cuenta los pecados,
¿quién, Señor, sería declarado inocente?
Pero en ti se halla perdón,
y por eso debes ser temido.

     En medio de su hondo padecimiento, el salmista está consciente de sus pecados. Pero también reconoce que el Señor es misericordioso y que nuestro pecado no prevalece sobre el hecho de que Dios se conmueve ante nuestra miseria, por merecida que sea. Apela a lo que Dios es en su amor y confía que el argumento de su angustia abismal toque su corazón y abra sus oídos. 

     “En ti se halla perdón”:  una confianza osada que interpela a la realidad de las acciones de Diosen su larga historia de relación con un pueblo rebelde y en las cuales ha sobresalido su misericordia y compasión. Como una madre que pasa por alto las altanerías e ingratitudes de sus hijos y les auxilia en sus crisis.

     Ese perdón, además, produce el temor o respeto a Dios. La gracia del perdón produce un estilo de vida sabio: “el principio, origen de la sabiduría es el temor a Dios” (Prov 1:7) y esa sabiduría conduce a una vida de gratitud y servicio a Dios:“al que mucho se le perdona, mucho ama” (Lc 7:47).

5 Espero al Señor, lo espero con toda el alma;
en su palabra he puesto mi esperanza.
Espero al Señor con toda el alma,
más que los centinelas la mañana.

La espera en la bondad del Señor es la actitud apropiada. Ante la urgencia de que Dios responda ya, ahora, se impone la espera confiada. Cuatro veces en esta estrofa se repite el verbo esperar. Es la espera del centinela que anhela, ante los horrores de la oscura noche, que la mañana llegue. Y es una espera anhelada con todo el ser porque así de intenso es el dolor que se vive.

Como esperan los centinelas la mañana,
así tú, Israel, espera al Señor.
Porque en él hay amor inagotable;
en él hay plena redención.
Él mismo redimirá a Israel
de todos sus pecados.

     Y, al final, la experiencia del sufriente se convierte en lección para toda la nación. Ella también debe aprender a esperar en el Señor aun cuando pase por situaciones que han llegado a su límite. El amor inagotable y la plena redención de Yahvé aseguran su respuesta y perdón. Y con ello se abre un nuevo horizonte de vida renovada, de perdón y libertad, de restauración para el servicio. Las buenas nuevas del perdón, anunciadas por Jesús, son garantía de una nueva vida. 

Recomendamos el Himno número 513 de Santo, Santo, Santo. Cantos para el pueblo de Dios.