La felicidad genuina se vive en el seno del hogar (Salmo 128). En la vida de toda persona se experimentan peligros de muerte, pero Dios escucha y socorre a quienes lo invocan (Salmo 107). Mantener viva la memoria de las grandes acciones de Dios en la historia enriquece nuestra vida y adoración a Dios (Salmo 105). Asimismo, estudiar y reflexionar sobre lo que Dios ha hecho y hace en el mundo nos ayuda a ser sabios artesanos de nuestra vida personal y comunitaria (Salmo 111). Y, aun cuando vivamos situaciones de peligro mortal, si Dios está de nuestra parte, somos más que vencedores por su amor (Salmo 124).