Los salmos para este mes de primer tiempo ordinario, a la luz de la resurrección y de la victoria del Dios de la vida sobre los poderes de la muerte, ponen de relieve su cuidado y amor profundos e intensos sobre nuestro diario andar en el mundo. Estos se manifiestan en su inescrutable e íntimo conocimiento de nuestro ser y vida (Salmo 139); su reinado como creador del universo y su fidelidad y justicia a favor de las y los oprimidos nos llaman a imitarlo en su amor a los desposeídos (Salmo 146). Además, contamos con su bendición diaria y la intercesión de su pueblo que nos sostienen en el camino de la vida (Salmo 20). Y, al ser testigos de la barbarie y la aniquilación que se han impuesto en nuestro mundo, rogamos que el Señor intervenga de una vez por todas y detenga el derramamiento de sangre inocente que presenciamos hoy (Salmo 9). Así, experimentamos el poder de la resurrección del Señor y participamos de sus sufrimientos (Filipenses 3:10) al transitar los caminos de la vida.